
El niño es una monada. Rubén Polo (Novelísima)
Pertenece al reino del cuento, no me hagas caso. He aquí lo que yo diría en un momento más o menos interesante, en una conversación o en una reunión. Existen personas furtivas de la sociedad por motivos desconocidos. Viven solas y apartadas en un mundo igualmente desconocido. Sometidos a una dura prueba: la soledad. Pero la soledad puede ser una bendición o una maldición inducidas por un mensaje mesiánico, una contribución que por medio del retiro vuelve al reino animal, o a los problemas de la especie. Constituye una paradoja retirarnos y volver. Pero la soledad también pone a prueba la paradoja, la somete a constantes análisis. La paradoja consiste en: ¿puedo referirme por medio del lenguaje a algo que no estaba previsto, o ya estaba escrito en algún rincón de la cultura, o que ya existía con anterioridad por medio de trucos cabalísticos que desconocemos? Cultura que por cierto debería pensarse universal al margen de una sociedad o colectivo. El lenguaje es un instrumento inmensamente ubicuo, la enorme palanca que sueña en el progreso y en la felicidad humanas. Podría también decirse que el lenguaje sueña con el progreso y con la felicidad humana, que tiene psicología, alma, que funciona de un modo autónomo generando sus propios hábitos. Y finalmente, podría pensarse que el lenguaje y el conocimiento del progreso y de la felicidad humana son la misma cosa pero que ni rozan ni transforman cada una de esas realidades: observador pasivo e irónico, crítico e infeliz.
La felicidad y el progreso están constantemente manifiestos en nuestra espiritualidad. Nuestra espiritualidad consiste precisamente en eso. El conocimiento aparentemente es un grado intermedio que elabora andamios para la escarpada ascensión hacia la felicidad del hombre. Felicidad como algo que atañe a nuestros deseos y placeres, vacíos colmados o ritos sagrados animados a funcionar. Progreso como activación constante de los deseos y placeres siempre mejores, investigación de los mismos, superación de los mismos. Pero todo esto que es monumento monumental se ha quedado rezagado en una especie de ostracismo del ‘ya veremos que ocurre con el día a día’. El ‘día a día’ no es un rito, es la excepción del rito, a lo mejor preparativos del rito, preparativos hacia lo sagrado cuando éste se produce.
El lenguaje. El lenguaje nos recuerda que fuimos críticos literarios o críticos textuales. El lenguaje nos recuerda que hubo un día en nuestra historia en el que escogimos leer en vez de actuar. O que escogimos ser leídos en vez de ser amados. Que escogimos sobriamente la soledad porque en la soledad los motivos para la felicidad y para el progreso eran suficientes, nos lo decía susurrando algo así como una voz en off. No es de extrañar que algunas contribuciones a ordenar el caudal de su poder haya sido psicológica. Si mantenemos un orden dentro de nuestra fantasía no importa, podemos ser muy creativos y no obliga a nada. El poema, por ejemplo, salta a la vista que organiza la serenidad. Mantenemos los ojos cerrados y el cuerpo animal se apacigua. Puede que haya transformaciones dentro de nuestro organismo. Estamos a la espera.
Reunión. La reunión tiene sus lados potentísimos. Partimos de una base enciclopédica. Partimos de un problema. Partimos de una guerra. Las guerras nos hacen ser solidarios. Las reuniones son intermitentes. Me recuerdan a los semáforos. Las reuniones se producen aquí y allá. Donde caiga. Una pequeña sociedad planea una ruta dificilísima en cuestiones de minutos, sobre todo en los bares. Las ciudades contienen la mayor parte de las reuniones. No se trata de hacer negocios o de mejorar una representación comercial. Las reuniones tienen una heterogeneidad que asume el grado de inconsciente. Veamos, ella, la reunión, se produce de manera espontánea, sin previo aviso. Eso se debe a lo que llamaríamos entradas y salidas al reino animal, o al conjunto de la especie. Aunque desconocidos entre nosotros alguien nos vigila.¿Por qué no me dices? ¿Por qué no me dices que un libro con esa portada es un fiasco? Te muestro el diseño por enésima vez. O la puedes ver por enésima vez. Sí, el lenguaje está detrás de ella. Esto es, una luz verde casi, nos obliga a pasar página, pero desde la pantalla parece imposible. Vamos a ver, yo mando un mensaje a quién lo quiera escuchar. Desde luego correos anda lejos. Ni Dios mismo intercepta nuestra comunicación. La mantenemos en secreto por medio de aquella tecnología bastarda en sus maneras. Pero permite reducirlo todo a cosa de dos. Quien intercepta una carta es un pervertido. La carta dice estoy feliz amor mío. Quiero que lo sepas. Aquí te mando sobradas razones. Léelas. ¿Estás de acuerdo?
𡺓𡺔𡺕𡺖𡺗𡺘𡺙𡺚𡺛𡺜𡺝𡺞𡺟𡺠𡺡𡺢𡺣𡺤𡺥𡺦𡺧𡺨𡺩𡺪𡺫𡺬𡺭𡻒𡻓𡻔𡻖𡻗𡻘𡻘𡻙𡻚𡻛𡻜𡻝
viernes, 13 de febrero de 2009
EL NIÑO ES UNA MONADA
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