El algo que consiste cuando empieza una cosa cuando la otra comienza acaba quiero decir en la parsimonia de los efectos de un grandísimo tubo de cloaca con ventanitas de 15 por 15 para otear la salida de electrones no tiene nada que ver. Y ni he empezado. Pues la cosa resulta convaleciente, mortalNO o vitalNO. Convaleciente es la palabra más justa que injustamente hay. Por decir que repasando ciertos informes que dejé sobre la mesa de mi despacho si es que lo tengo di con el libro que prescribe no ser justos con aquello que por zapato lleve un smoking a medio crecer o de medio pelo. No, en serio, si yo en el despacho encontrara que al mirar al suelo viera como que pasan esos adolescentes de banda ancha sin flautas, ni oboes, sin fagotes ni pianos, creo que me desvanecería de inmediato en un charco de sangre. Lo cual ni justifica mi aprehensión ni la navaja que conmigo traía. Lo más justo es siempre lo que se esconde para desanimar al enemigo. Eso quiere decir que estaría menos muerto si hubiese llegado en la traqueteante mole de un carro blindado tirado por cuatro sólidos cuernilargos y músicos tensos piafando una soneta monteverdiana. También está en Sollers la picuda muestra de que la gallina no es el único abe. Cuando lo que se refiere de hurgar en los grandes maestros que si la justicia habitaba en ellos haciéndole justicia. Cuando por justicia es hacerse injusticia por profesión como la de escribir rarito simulando un pasmo entre un hombre y una mujer en una estrecha habitación de pisazo en el centro mismo de París. Confiere un detalle de mayor sobreseimiento no mostrar desde luego y desde allí aunque lloviera el más mínimo remilgo de desamparo y arrepentimiento por lo que se ha estado a punto de hacer o lo que ya se ha hecho con la pluma, las plumas, los picos, y los rancios suelos picados de varicuela para abejarucos de segunda. Y si pasara el cisne sin desfumada ahumada pisarla a trompicones para que no me digan que desperdicie tanto blanco. Es la eterna discusión del bosque amerindio. Lo cual ya hemos anunciado más arriba. Y si recuerdo ahora dos tipos fundamentales de trincheras no es para hacerme el gracioso con el ecce homo esse. Nada se imbuye tanto como una esponja en la frente sangrienta de un soldado de primera. Pero lo cierto es que la sangre también huye del cuerpo animal. Siempre queda por averiguar si es cierto, si es falso, si aquello fue hecho por pluma humana, o por los antropófagos que debieron comerse a todos los putos norteamericanos de cuajo llevándose de su garganta la oralidad mentora de oca. Sus pavos desgasificados en las mesas de los nasalófogos. Pero claro queda francia y Alemania por puro resto. Y ahí viven los complicaditos. Los raritos. Los que comen bistrot o judíos. Ahora el irlandés de los cojones como siempre porque los lleva colgando simpáticamente por París. Mucho antes los llevaba por detrás y eso quiere decir algo ¿verdad? Hablemos de Finnegans aparecen tantos huevos o más. Pica pollo o pica gallina, ¿qué diríamos de alguien que echara boletos de la lotería digamos un millón aprehendiera una gallina cluecona y le hiciera pasar revista a cada uno de aquellos hojimanitús arremolinados en el suelo, pica, pica, gallinita? Necesito un cerebro parecido. Es igual, es lo mismo. Si queremos hacernos millonarios una simple gallina, un gallinón, es tan eficaz como cualquiera de nosotros seamos lo que seamos. Incluso hay dudas sobre esto. Nada de nada, queremos un buen propagandista, alguien que use bien las palabras, las instale más allá de las fuerzas cósmicas de los altos cargos. Nada llega más cerca del corazón que un buen dicho, un proverbio, una buena cita, y terminamos con la agudeza mental. Creer en todo eso es bueno. ¿Quién lo dice? No hay hombre pa ello, pero si queremos pasar por alto esto, por mí que no quede. Estoy perfectamente de acuerdo con cualquier cosa. Y os puedo, si sois muchos, asegurar que la cosa funciona de la siguiente manera. No hay nada nada nada malo en recrear superficialmente los pequeños movimientos de nuestra pequeña Rebeca, tal gallina picoescritora. Y llegaremos hábilmente a la costumbre de aislar y comprometer cualquier cosa por cualquier i.i sin privilegiar absolutamente nada. En cualquier corso de Córcega hay un pecho salido, combado, absolutamente toro, de toro, de taurino, estoy perfectamente servido de un ejemplo que me viene a la pluma. No hay ni oca ni abe ni lisonjero pajarillo que no se haga arrastrar por semejante par de cuernos. Imagínate si soy yo el que lo escribo y lo leo al mismo tiempo que no es cuestión de algo así como una gigantesca montaña en cuya cima aparezca algo así como un absoluto pedazo de templo de talento, maestro, anacoreta, el resultado de un husmeo huraño, y de una protosíntesis clarividente de años de días, hurgando el sol por los ojos, pequeñas hendiduras o pequeñas rajas, cicatrices tan profundas como su propio aparato digestivo: en lo dormido como en lo recibido como el receptorio como en el dormitorio, en el protocolo como el loro loro de ecos resonantes diletes orete, platetes, y por fin juanenes en los pies, y simplemente porque me hago cargo de Usted Sinvergonzón. Lo cual es significativo hablar de un aparato digestivo en un hombre que no usa un aparato digestivo con la asiduidad de alguien que cierra un negocio con una buena comida. Basta echar una sumaria, superficial si se quiere, miradita a la última página de Finnegans. París, los años 1922-1939. Esto en la versión que ahora mismo tengo en las manos. Si recuerdo Nabokov espetó eso mismo en las antiguas versiones literarias de su académica escolástica. Sí, apellido Talismán para muchísimos tiempo para celebrar, templo para orar, y discreta tapadera para confesar, cualquier cosa que sea en el menor tiempo posible. Yo quiero saber por miedo a la literatura. Bueno pues bien en definitiva nada tiene más maña que parecidas horas, sobre un bureau, escritorio, mesa de café. Sea lo que sea tiene su tanto por ciento de éxito mantener el tipo en sitios así. Y lo que se ondula se ondula, como aquello que se retuerce bajo la fuerza de la lluvia, o aquello otro que cede, por un mal viento. También en el justo momento de decir una parida, o a renglón seguido una brocheta de buenísimos insultos lo que en cierta manera debería ser prioritario no sea únicamente para vencer la metódica metedura de pata teórica y científica de los últimos 2500 años. Y tal cosa no es mala ni por asomo. Lo realmente sorprendente es que al contrario nos ha permitido evolucionar tan zancudamente. Tan picudamente. Es cierto que el inglés es un mal viento pero no deberíamos ponernos así. Por alguna razón que desconocemos la distancia etimologiza razas enteras. Las devuelve gramáticas, misionales, espaciales con nave glútea y pies de bronce con aspillas de hueso. Hasta no poder más es un expresión del sacrílego neófito en casi casi casi todos los asuntos en los que estamos metidos. No hay cuello largo por donde poder salir de oculta ciénaga. Tan oscuro y ramera es lo que allí en profundísimo pozo se instala, incluso diría un castillo hundido con sus penetrantes torreones enseñando la picuda cresta de princesa que observa el astro. ¿El remilgo que se le hace a una mujer sólo puede ser sexual? Si te encasillas en la normalidad, puede. Pero estoy a favor de la normalidad. ¿En qué rincón de la sexualidad? Precisamente frenético. Si la tienes como la tienes, la vida arrinconada, fuertemente agazapada por mor de la claridad cómo sube el páncreas al pecho lo que no concuerda con ningún espécimen específico. Bilis sujeto a cortesía. Mientras tanto la mole que se preparaba para el discernimiento se estanca, se vuelve solidario en funciones en una empresa de cuyo nombre no quiero acordarme. Trae a colación el primer suspiro antes y después de cualquier impresión imprimatur dice Sollers cuando las cosas se ponen feas y los negocios redundan por doquier a media perra de ralo pelaje. Es el resultado del juego al que nos tenemos acostumbrados, primero la emoción, segundo, pasa como si nada por delante llevara gafas, o tus gafas, y estás en medio de un barullo silogístico del quince; para descojonarse de risa. Pero la cosa despeja al instante, y sigues con tus bromas filosóficas en cuanto a una solución a ciertas barruntadas: ¿qué diferencia entre filosofía y literatura? ¿Llamar la atención, progresar hacia el interior, justicia plena, o buena letra, caligrafía, gramática, o morfología? ¿Y no puede ser que el tiempo lo arrincone? ¿Justicia poética? Los tiempos dice Sollers que no hay color. No hay color significa que palideces hasta el hueso. Pero ¿qué se pierde cuando nos acercamos? Eso es precisamente de lo que se trata. De acercarse. De acercarse verdaderamente a algo que tenga su calorcillo. ¿Es una apreciación? Si no hay diferencial, no. No se aprecia, no se quiere. Por acuñar conceptos que no quede, efectivamente. ¡Y hasta que se libera el apretón! Es verdad. ¿Cuántas veces no he querido sorprenderme en el pensamiento del pensamiento? Eso quiere decir el extremo opuesto a lo que eres en ese momento. Una de las cosas por la que atraviesa Sollers es su falta de confesión. Por tanto se desvía hacia el afrutamiento. El indecible buen olor de aquello con su poca de miel y la vibración del abdomen de la abeja, espolón en las cuartas traseras, y espadón en todo lo alto. Gran capacidad de espalda.
𡺓𡺔𡺕𡺖𡺗𡺘𡺙𡺚𡺛𡺜𡺝𡺞𡺟𡺠𡺡𡺢𡺣𡺤𡺥𡺦𡺧𡺨𡺩𡺪𡺫𡺬𡺭𡻒𡻓𡻔𡻖𡻗𡻘𡻘𡻙𡻚𡻛𡻜𡻝
miércoles, 4 de marzo de 2009
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