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lunes, 2 de marzo de 2009

Sollers. La traducción de 'Paradis' I

Cuando me propuse traducir ‘paradis’ de Philippe Sollers venía de un viejo concierto filosófico extrañamente camuflado entre lo alemán y lo español. Y como soy español empecé por Ortega y Gasset, como diríamos, en la flor de la juventud. Y como soy extrañamente genial (un hormigueo en el pie) me llevé a Nietzsche al servicio militar con borla de punta de acero, y en absoluto apaciguado, y como llevando presente el pasado, todo el pasado (pasado anti-histórico). A Ortega por su imprescindible claridad. Estilo intachable. Y cuando percibí la vibración castellana de Ortega (o siempre hay una primera vez para el castellano para muchos otros autores) como una anatomía de músculo y sangre, lo cual prefiriese lo descomunal, no entendiese nada, es decir, no entendí nada. Pues la filosofía (la corriente) no se la entiende si no lava o viene de otros países, y la transliteración pasajera no ocupa ningún espacio, el alemán es un pollo, la francia gallina, y la España una e corral vacía de zurrón. Ello ocurre en los castillos de la filosofía universal. Y a pesar de ello existe la idiosincrasia filosofera, como ventolera, por aquí por allá, quien ocupase un cerebro se viese inmerso en texto generoso, rincón personal, o mesita de noche animal. Animada. Mostrenca puya anglófoba. Y es bello demostrar como suspensar, se las pela de la daga íntima emoción o de profética cosmovisión, casco alemán o intempestivo mozo de ojeras pronunciadas. Un mal de ojo fizo Kanty el pretty como de arte de magín se dice: la imaginación no es apartado sino asociado en los negocios de Cial, y hermanos. Imaginación con el resuello de una cualquiera estética y de un instinto místico que en estos seres soterradamente ardía en teutón hiperfrío, hipercongelación, desgradable-por mucho que digan. La simplicísima facilitación felicitación Descartes tal francés corrompiera, distribuyete, dalete, dalle en el pico, por la disciplina autodale compulsiva, complaciente, autoreconstituyente, y autocompasiva. Y empecé desde luego por el derrotero de lo bello en filosofía a pesar de sus armazones satíricos. Aunque todo lo imaginario. Apareció primer síntoma desazón del contexto bibliográfico a favor del texto. Cierren el círculo por primavera o por primera vez. Por ejemplo, Sartre, Foucault, Derrida, Deleuze. Lo que hay que hacer saltados los acontecimientos actuales es leer a Platón con desidia desgana o lo que quiera, pero todo, todo a todo, sin dejarle por desidia desgana o lo que quiera, pero todo, hasta Todo, dejándose la pela. En medio de cosas barrocas impuestas por su testaferro los primeros monumentos son espiraloides, gravitatorios, a puerta de bocana esperemos el barco con tesorillos de a un Imperio de tazas chinas o razas amerindias. La lectura se hizo innegable. Cuentas notarias, administradores sumarios, sumarísimos procesos de preeuribor. Un perturbador hijo de su materia no quiso pasar por la facultad y se hizo mecenas y mecenazgos por doquier como quien pinta graffitis en el templo argumental de la casa ultramarina Día. Desarrollóse el sarcasmo a chitón de mono o a quevedos para ver la tele. Si Sartre en la náusea fue por eso únicamente. Lanzado por los derroteros del protestantismo del 29 luceros claraboyas para los amaneceres de bombones explosivos en las ambas guerras. ¿Queda claro muñeco? Manipuloso, quejoso, alemán de la institución a medio camino entre científico y filósofo se coló el psicólogo, el obsesivo Husserl y toda la trama postdescartesiana. Y entonces más que el pensamiento se hizo vulnerable y se pasó a la lectura. También desgana por las cosas inversas, desvirtuadas, el negocio antetodo. Lo institucional es innegable que se lió con lo inmoral en un reflejo de puro egoísmo. Pintores, saltadores de combas, museísticos, trapezuelos, víboras del génesis, labios descarnados, pintamonas, y robustos seres con el bulo colgando. Maníacos, pervertidos, gloria al puesto, deshechos por las magnéticas palindromias ataques de celo en la poesía como un autoinmune derecho a soportar la realidad tal como es ser una mierda profiláctica, ecléctica, sudor a lágrimas, contravención moralista o puritana, o agrimensores tenaces para hacer del planeta una cosa validísima vendimia frutosa mohosa, espabilados tú yo, mi conejo, mi perro, mi gato. Por ahí vamos. ¿Cuántos adosados veíamos antes del anochecer, mi amor? Formados por un espíritu del viento. Tal vez es innegable por medio de la lectura la clara intención del sarcasmo como cosa cocida y tangible, el toro por el rabo, y la vaca antecesor (en latín) y el tráfago agotador de los mismísimos que a las claras como filósofos querían gobernarnos decididamente a través de una patria potestad de toma pan y moja en el caldero no digas dialéctica no digas dialéctica no lo digas por favor que me sonrojo. Lo has dicho hecho, es agotador, eres agotador, porfía, iluminao. ¿Qué? El tráfago lento agotador de los mismísimos creadores de templos, seguridad social, transmisores, redactores, rehechos, contrahechos, porque formado el espíritu para qué el conocimiento. Si el espíritu es cosa delicada, formal, agazapado como la novia formal, lenta, obviamente evidente, lavadita, juanita. Fernando un espíritu, o frenando un espíritu o frenólogo un espíritu, o de la cabuce un término patronal lobo taimado cirujano hediondo hende trozo minúsculo sobre el tapete de su consulta: era ello lo que le molestaba. ¿Qué es sino el tráfago lento del espíritu sino una letra impuesta la a la b la c bla blac? Si el espíritu es delicado y huidizo no nos sorprende en absoluto pues tantas cosas han pasado. La filosofía lo ha sacado, tomando claro ejemplo de las cosas claras, de la administración pública. Si entramos en un texto como formando parte de esa enfermedad de siglos es innegable que toda voluntad atrapada en lo enfermo lee que lo enfermo se contradice con lo sano y viceversa.

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