𡺓𡺔𡺕𡺖𡺗𡺘𡺙𡺚𡺛𡺜𡺝𡺞𡺟𡺠𡺡𡺢𡺣𡺤𡺥𡺦𡺧𡺨𡺩𡺪𡺫𡺬𡺭𡻒𡻓𡻔𡻖𡻗𡻘𡻘𡻙𡻚𡻛𡻜𡻝


lunes, 23 de marzo de 2009

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Una cosa es comprar, y otra, bien distinta, confesar. Se confiesa lo que se tiene, pero que no necesariamente se ha comprado. Se tiene o se obtiene. Se obtiene por oferta o doble oferta; se compra a merced, por libre necesidad. Dicen que se compra el hábito. Dicen que el hábito se hace. Diferencia. Sollers compra las palabras. Primero compara. Una comparación de un sesgo ánima que te vas al otro mundo ajuar Egipto funerario sarcófago sobre todo ajuar, hacerse ajuar para el tránsito, lo que depara el tránsito, largo o corto viaje, intenso o desvaído, moción, escarnio mediante un tubo hueco ojo de aguja alfilerazos o revolcones por estaciones, mujeres en los flancos de su gala omnicomprensión mostrando los cornetes, vórtices, mostrando las verrugas los entresijos de sus cavernas, gentilhombre, gentilicio, en fin atravesado, asperjado por fustigamiento, en fin hasta el extremo del canal, liberado. Entonces todos los aromas, y toda la cinestesia de la compra, alborotada, volteando a su alrededor. La compra, lo comprado, ajuar, acompañantes. Armada. Perros lazarillos, guías. Puede que Sollers confiese que ha comprado todas las palabras. Puede que yo matice: no las compra, hace acopio, las usa, las castiga o tortura, y las devuelve transformadas junto al clic de su operación, una especie de restauración, juego entre la pintura y el pincel. ¡Lo hago con el sudor de mi frente! Y es propiamente la mejor justificación. En efecto, el esfuerzo sopesa lo que nos podemos llevar por derecho propio, y lo que por defecto abandonamos. Solemos abandonar a las primeras de cambio. Sollers abandona a las últimas de cambio. Su carácter. Su personalidad. Es como declamar un derbi entre las cosas y las cosas futuras, y las cosas pasadas, abandonadas, recicladas, almacenadas, apartadas, marginadas, o simplemente mancilladas. Si una virgen es lo que es precisamente por su actitud de intocable. ¿Le serviría como el vaso de delirio? Para los que se van y no vuelven, exigen un doble mundo. En uno, el más popular, aclamado, pero ingobernable y lleno, populoso, mercaderes de llaves, se venden llaves, claves, espías, concentración de espías. Familia de los espías a la expectativa, detrás a sus espaldas, los patitos, o los patriotas. Se aprende el oficio del espía. El espía es algo que reclama la llave que abre lo que espía. Le falta la llave y solo la llave. El mundo principal está codificado. El mundo principal es una falta de principios, una época maleducada que se repite generación tras generación. Maleducada porque no contesta, ni dice buenos días al pasar. Para hacer un trance de espía, para transitar como espía, valorar las infames devaluaciones. Obtener la devaluación en la ofimática Herald Tribune. Sin rozar apenas la cuestión, se espía porque el hombre está en misión, continuamente, de principio a fin. Le entra por los ojos, y sale por los poros. Todo es entrada, salida; la cuestión, la misión; la puesta en escena, el espía, la calle, el trance, que es tránsito, por donde se pueda quebrar, dejar atrás, aguantar, disimular, refracción, estimulación; y de ahí a una gran bocanada, y chorreo de humo negro. La ciudad se instala en nuestros pulmones. Porque hemos demostrado que el hombre se muestra más capaz a ras de suelo, se yergue en columna de vez en cuando para sus templos. La misión de aquellos sobre los que descansa el tejado [municipal]. O de los que erguidos dejan huecos entre sí para el rastreo, el serpenteo y la moralidad, música, oración. Lo que silba tal vez no sea más que una trompa general para aglutinar, arrastrar. Propiamente hasta hoy, la columna se mantiene por devoción. Y siguiendo el sistema se encarna. Si Derrida dice que la columna se mantiene es porque al levantarse repara, no se disimula, y el basileos emula. Nota: la ensoñación también es levantamiento, señalamos con la cabeza algo. Los encogidos y los agachados, los postrados. Otro grupo: los horizontales, de un lado a otro, las frases, de izquierda a derecha, los que escriben. Para obtener un sistema nervioso nuevo es del todo necesario subir, subirse, y colonizar el capitel dorado de los templos, rastrear el tejado, espiar el hemiciclo craneal. También porque crea raíces se hunde. Derrida descongestiona los genitales. Un semental que perturba aire y suelo, raíces, ramas. Panta panta pantagruel y penetración. Los huesos penetran los músculos. El movimiento es la penetración, fornicación del cuerpo entero consigo mismo. Voluntad e Introspección. Lavado de cabeza. No os descarriéis, los libros también pueden leerse de arriba abajo. Los chinos. Si los occidentales declararon la guerra a las columnas fue para sentarse, descansar, holgazaneando escribieron. Los precios de las cosas suben y bajan. 007 sube y baja. Heidegger subió para escribir el ser y el tiempo. Descartes sin embargo hizo el cangrejo. Voltaire también. Es como el agrimensor. Mesura, prudencia, pero también no voltear innecesariamente el espacio. Las vacas y las ovejas se reparten el espacio. Según el número, las ovejas se distribuyen según el centro. Las vacas dejan espacios más considerables. Los anacoretas suben hacia algo. Son globos que callan y se elevan. Zaratustra bajó porque abrió la boca. Quien toma aire es para callar. No, al revés. Aguantar la respiración es formalmente un wittgensteniano callarse. Solazarse, respirar con fluidez, descansar sobre el pico de una montaña es no abrir nunca más el pico. Aerofagia a ras de sueño. Inequívoca presencia de los bajos precios de las frases, de las palabras.

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