𡺓𡺔𡺕𡺖𡺗𡺘𡺙𡺚𡺛𡺜𡺝𡺞𡺟𡺠𡺡𡺢𡺣𡺤𡺥𡺦𡺧𡺨𡺩𡺪𡺫𡺬𡺭𡻒𡻓𡻔𡻖𡻗𡻘𡻘𡻙𡻚𡻛𡻜𡻝


domingo, 8 de marzo de 2009

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Es curioso como estando de paso en un texto no leemos ultrafinamente las consecuencias de tales justificaciones, pasan por ser argumentaciones, pasan por ser formas, y no movimientos de zafeo. La lectura se hace involuntaria, atrapados, presos sin poder decidir la grande hegemonía subyugante de la frecuencia del fraseo y poética, de la retórica, de la política sin cuartel. Y para romper todo ello, la interrupción, la tartamudez, el aforismo saltarín, el romper, el quebrar, el zigzaguear por aquí y por allá. Y es el favor que hacemos. Un texto es una espada. ¿Qué es la galantería francesa? Un espadachín. El texto es una espada de arturo, de mole, entera acabada, que mata y no juega con tus espasmos fláccidos cuando te enfrentas por el amor de tu vida. Jugar con la muerte. Si leemos a favor de la muerte se hace justicia. Si jugamos se hace injusticia en los tales trances oportunamente de madrugada, a primeras horas del alba, casi sin testigos, dos o cuatro a poder ser. La cabra deja esto en el monte, escarpado, se desalgoritmiza su deshecho oooo o oo ooooo ooo ooo oooooo. Y proseguimos el rastro. En cada punto en cada reunión se apuesta por algo inconmensurable. Diariamente. La obra titánica ha desmenuzado tan responsables conciencias. El caso, poder decir, ser el hombre honrado que se espera de mí, incluso en la dicción. Cartas interrumpidas de vez en cuando por ver cómo van las cosas. Las cosas van, desde luego. Interrumpo esta formación de palabras para no ser el héroe de la película. Tengamos paz. La lucha aumenta los potenciales. Cada cual en su casillero. Los aforismos vibran: tan poca cosa en un papel. Los hay que prefieren pintar los espacios en blanco. El don de la expresión limpia conciencias. El poeta espera la inmaculada. De hecho sus trazos son interrupciones, reglas del monumento. Ello es pedazo de clítoris, rosa papel dice Sollers, pero no sé si precisamente en este sentido. Creo entender que no lo sabré jamás. El secreto de los hombres que no dejan los espacios en blanco. Por otro lado la mujer no tiene secretos y al obrar operar endilgar incisión: ¿bueno acaso no están acostumbradas a tales rasgos, rasgantes, rajados, hilarantes, hilo perdido, hilo pendido, en las toallitas, en las servilletas y en los manteles? No queda ningún lugar a la duda. Los que comen comen bien y luego not comment. Celador abre bien los muslos celadora abre bien el abdomen, celador y celadora, not comment. Cinta transpersora. Transpersona. Transperforadora. Transdental vuelve a sugerir Sollers eminentemente avergonzado. Las sobras encaramadas en lo alto. Lejos de la manipulación al menos durante un par de horas. Las cosas blancas se dejan en negro por una vez con cierta provisionalidad. Puta economía. Las cuentas de antes. Los hijos de los indios americanos trabajan ahora en las factorías con casi el mismo carrusel de consignas. Lo que ellos darían por saber de nuevo atrapar un sueño. En el centro mismo. El clítoris de tales razas es agujero círculo más bien. No la manía del blanco blanco. Los dientes blancos de las doncellas: lo único imprevisible del asunto. Para ejercitar esa sonrisa más de una novela rosa. Y pensar que Kafka sólo quería ser leído por hombres. Pensemos en otros autores de pasada. Si Hemingway quisiera haber sido leído por un toro lo habría dicho, ¿verdad? En cierta manera es como Gómez de la Serna, Ramón, que quería ser leído por la mañana, muy temprano. Ortega y Gasset se avergonzaba de su filosofar. Si eres un disociado puedes recuperar a tu familia a través de un texto competente. Puede ser que incluso mínimamente competente. 4saben4 lo que es la competencia. En lugar de eso una síntesis intensa de morfología, gramática, y superséxico.

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