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jueves, 19 de marzo de 2009

9

El hombre se produce, provoca, se reproduce, se incorpora como en misiones. Habla una lengua verdadera y cruel, la confesión. A falta de templos o lugares ‘adecuados’ la confesión se lleva como en el pantalón adonde siempre hace más falta, más que el DNI. El cielo está ocupado. Precisamente por la homogeneidad lo comprenderás. Los pilotos del aire suben y suben, se lanzan a la velocidad del misil, donde no tiene ningún sentido decir decir decir, decidir, decidir, volar, volar, y descender, a no ser que hablen con los pájaros. En cuya transformación los pájaros se mofan. ¿Qué llevas ahí, un volcán? Fuego y aire son incompatibles. O más bien, reaccionan. La incompatibilidad es una reacción. Provocar a los eruditos del aire, chamuscarles el vientre. Escuchar y leer en una lengua extranjera. Caer inmediatamente soliloquiando: he visto y he oído la respiración, la expiración. Derrida es un supuesto que no es fácil comprender porque inspira en agua de wáter. También Guyotat, ya lo veremos. Suponiendo que quisiéramos verles más que la virgen María. Desgraciadamente el cuerpo tiene un privilegio de carne con ruido, de soniquete, de seguimiento espía, de concentración, es decir, por cm³. Es decir, microfonado, oxigenado, alveolado, como la madre tierra. La naturaleza dispone de subterfugios para reincorporarse, defensivamente. De oreja a oreja la naturaleza es como el cerebro. Origen, Ortega y Gasset, la indudable necesidad de incorporarse tierra adentro, giro hacia tierra adentro, y los que se quedaron mudos ante el horizonte del mar no les hizo falta ninguna verborrea. Es típico del mediterráneo gozar en primavera viéndolas venir por arriba y escribir escribir por abajo sobre el mantel de agua del mediterráneo. Escribir y comer sobre el mantel o sobre el papel. Ambas recíprocas. El menú, por ejemplo, sobre papel. No es difícil sorprenderlos escribiendo. 8B 8B 8B. El oído perfecto sobre el horizonte infinitamente líneodirecto emular el estilo directo de una escritura (a falta y por flato de pantagruelismo) sin altibajos. Escritura neurótica con borla de gorrito y camisón. La noche sorprende igual que el clima a un reposo. Y el reposo se traduce, lengua extranjera que se entiende a medias, y que por ello hay que escribir. Al contrario el que duerme lo que ha escrito en sueños mañana lo dirá a gritos: a su secretaria, a su amigo, a su mujer, a sus hijos. Darles la espalda fue precisamente el instante en que los huérfanos y malditos proscritos buscaron alvéolos por su cuerpo, y por su resignación, cuchillos, o agujas, en busca de cualquier vaso comunicante con una agudeza tremendísima. Y el cerebro no hizo de repelente sorprendentemente. No fue el clima sino el temperamento sacrosanto, sacrosanto convite, o maría magdalena implorando el salvoconducto que la llevase al imperio austrohúngaro. Pero por vía ordinaria. ¿Cómo sino fue apetecido el aire, el cielo, tierra adentro, sino torciendo el cuello, echar la cabeza hacia atrás? La segunda incorporación trascendental. El cerebro hizo de masa que compensa, de peso que iguala, balancín, justicia, de contrapeso. Ortega, Derrida, Guyotat, mediterráneo, wáter, wáter. ¿Por qué apetecer algo que fuera plano? ¿Por qué apetecer la quietud de una línea recta o de una hoja de papel? ¿Por qué entonces la inquietud forma dialéctica de la hoja de papel? El mar propone la misma dialéctica. Los grandes aventureros, mar adentro. Tierra adentro. Mar adentro. O cuevas, o vasos comunicantes. O pliegues de hojas de papel. Primero en forma de libro. Olas, ondas, ondas comunicantes, negocio fluctuante, crear oscilación en el cerebro a partir de un vuelo quebrado. Una avioneta mal calibrada. Un piloto mal orientado. Sobre todo si se obsesiona con la geología. Pues la geología lo dice todo: lengua extranjera; pero siempre a una cierta distancia como para que se pueda leer. Por ejemplo, los viajes de Goethe, Hölderlin en Bordeaux, Sthendal en Italia, Schopenhauer. Mientras que Hegel, Kant, los dioses lares; menos que domingueros, acaso muy hogareños. Foyer en los teatros. Foyer con chimenea, dos pianos, las hermanas, o Beethoven. O bien que te joden. Grandes conciertos en grandes salas, la 8 Bruckner. ¿A ras de suelo, Goethe y Hölderlin? Si acaso con un cerebro de montaña rusa, cerebro imponente. Hipercomunicado o hiperventilado. Hölderlin, por ejemplo, que usa de la montaña con vicio. Kant arraiga lo sublime por apego a la tierra en lo alto de una montaña, que es como subir a una escalera, para no precipitarse, para cambiar la orientación del sol, para cambiar la bombilla. Desde lo alto de una montaña opulento párrafo en el valle. Los arrieros y los agricultores. Trabajo de los agrimensores. ¿Opulento párrafo? Jugoso párrafo. Erial. ¿Jugoso párrafo? Sinfonía parricida. Contratos en lo alto de la escalera. Ventrílocuos. Aguas termales entre las dos montañas más altas. Sinfonía, allegro presto, y luego un adagio; un andante, marcha con bota y chiruca del agrimensor.

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