Pero para que haya confesión ¿necesitamos tantas personas, tanto auditorio? ¿Tanto auditorio como para una sinfonía de Bruckner? Confesión, oración del ‘yo pecador’ en que se manifiesta arrepentimiento por los pecados. Pero también confesión que se le hace a la policía. Y también confesar por medios, tecnologías o gestos, cualquiera de nuestras creencias religiosas. Verbo confesar, reconocer un hecho propio, escuchar en el sacramento de la penitencia; pero también confesar que se es, cómo se es, con quién se puede tratar, de quién se trata, confesar que se es de un modo o de otro, proclamar ser. En cuyo caso me identifico para que me abran tal o cual puerta. Una imagen vale más que mil palabras, para el funcionario que nos espera, el guardia jurado que nos deja pasar; yo no me confieso, pero cuyos signos externos operan por mí una fascinación de hombre de la calle, sin demasiada reputación, matriculado o no. Confesión e imagen. No es posible confesión sin antes haber pasado por la práctica, o por el haberme visto por aquí o allá, o haciendo tal cosa o tal otra. Yo soy el conocido aquél, de tantas veces visto que, podríamos definirlo con la vista, o no tiene nada que decir, ni falta que hace; si se quedara mudo no dejaríamos de quererle, o de odiarle, sabemos cómo es; sí, porque hubo el día en que se confesó. Las fuerzas que me asimilan por confesión. Inconscientemente, en mi primer año de vida. Yo ya me había confesado en brazos de mi madre. Mi madre o mi padre hablaron de mí. A veces hablaron por mí. Monumento que se confiesa. Confieso mi amor por determinadas acciones, sean trágicas, o bien sentado en el sofá barrunto la posibilidad de hacerme conocido por lo que digo, confieso que soy megalómano, confieso que soy un egocéntrico, confieso que tengo un lunar en cierto lugar. Entonces me vale tu palabra. No seré yo quien lo compruebe. Tan difícil es. No, si te creo. Pero, qué más da. O sea que no merece que lo confiese. Hay cosas que no hace falta confesar. Por ejemplo, odio al mundo entero, o soy misántropo hasta la médula. Confieso que quiero, amo; o confieso que no perdono, que odio, que tengo espíritu de venganza. Mil venganzas. Mil amores. Me rompería la cabeza por ti. Te quiero, ¿es una confesión? Me batiría en duelo por ti, amor mío. Iría a primera hora a enfrentarme con quien ose burlarse de nuestro amor sincero. Yo confieso que mi amor es sincero. Mi amor sincero se merece algo mejor que la burla, o la comparación. Si existe alguna razón para que dos personas se unan sin amor. Sí, la hay. No podría luchar por ello. No, no hay motivo. Hacerte espadachín para una mujer tan puta. La confesión tiene géneros. Confesión femenina. Confesión masculina. Son cosas distintas. Me amparo en el derecho de confesión. Me amparo en lo siguiente: que todo lo que diga será inmediatamente borrado. ¿Borrado por quién? ¿Borrado por el confesor? ¿El confesor es como el huésped? Huésped, quien recibe hospitalidad. Huésped, quien ofrece hospitalidad. Yo soy el huésped de tal señor que vino ayer a las tantas de la noche a mi casa. Yo soy el huésped de tal señor que vive en la calle tal y tal. O huésped de tal señora por tales razones. Lo tal es lo que luego se ha de confesar con los años. Soy huésped de tal, pero también fui huésped de César por tales razones, es decir, me confieso culpable del crimen. César debía morir inmediatamente. La historia: el asesino de César se confiesa. Fue un héroe, desató la furia de los cristianos, su verdadera fe, etc. ¿Por qué desató la furia de los cristianos? Esa es otra historia. Desató ambivalentemente la furia de los cristianos, también porque los liberó. La auténtica fe se libera. La confesión se libera para los cristianos. Me puedo confesar sin que reciba una paliza. Puedes salir a la calle, ya te has confesado. Recibir una paliza a cambio de una confesión. Sin duda la policía lo sabe mejor que nadie. Huésped. La policía es huésped del criminal. El criminal es huésped en las dependencias del cuerpo general de la policía. ¿Cambia algo que el presunto criminal confiese o no confiese? Según los indicios de la policía. A veces no es necesaria la confesión porque las pruebas son superiores en magisterio. Colma el centro de la confesión. En cuyo caso hacerte confesar es pura formalidad. Es hipócrita. Los hay que necesitan la confesión imperiosamente aunque lo sepan todo de ti. Ese de antemano es repugnante puesto que es un vicio duradero. Bajar al sótano quasi siempre expectante en una especie de delirio. Patológico. Estar en la calle o ser libre en la calle es haber confesado abundantemente. Ducharse cada mañana es lavar los pecados. Quien ha tenido un contacto carnal tiene sus propios hábitos. Quien tiene abundantes contactos carnales calcula. Un acto violento es siempre un modo de confesarse. A veces significa algo mucho más profundo. En cuanto a que un acto violento nutre o no nutre, es ‘entablar’ (sentarse a la mesa) para comer lo que uno ha elegido, en un buffet, un buffet libre. Eres un lince. Lo que yo como me atañe solamente a mí. No te puedes guardar la confesión. Quien oculta deliberadamente la confesión sabe cómo sentarse a la mesa. Sabe lo que come. La peor muestra de sinceridad es comer dos del mismo plato. Recoger lo que otro ha escupido. Nunca cojas algo brillante del suelo. Entablar un diálogo. En mi casa teníamos un cuadro de Dalí: la última cena. Por la copulación diríase que éramos muchos junto a aquél. Los suficientes para una especie de consumición, de confabulación, de intelección. Intelección duradera, se entiende. Espíritu que se hace carne, manjar, cuya representación puede llevarse a cabo a partir de materiales muy simples, dícese el pan, la carne cruda, el color sangre. Pintura, literatura. La primera gran difusión del verbo que representa la cena, la última y la primera de las cenas. La primera novela. El evangelio según San Juan. Explícitamente. He aquí lo que nos podemos representar. No solo porque lo que comemos nos alimenta, nos nutre, nos lanza a la investigación. También nos avisa: no miréis atrás. Los cerdos judíos y los excrementos de las cabras. OoooooooOooooOooo. Los cerdos judíos porque matan las posibilidades de seguir comiendo con aquél que nos representa, por su ilimitada fantasía de hombre que quiere hombres. Los hombres que quieren hombres, fuera del lobo, fuera de la natural idiosincrasia. El hombre aventajado por un querer, por un amor que no se olvida. El hombre que lo quiere todo. ¿Hemos de comparar algunos textos filosóficos? Por ejemplo, ¿qué opina Juan acerca de su griego? Os aseguro que el que está en medio de todo esto es una madonna. Se puede ver perfectamente. Sus rasgos son completamente femeninos. O es una combinación de ambos géneros. Pero para cuidar la idiosincrasia hay que forzar un poco más el gesto femenino. Exagerar al hombre por la parte femenina, que desde luego tiene un papel importante en lo que a poner la mesa se refiere. Valorar tantos comensales. Los comensales ya están preparadísimos para la comunión. Diríase la Iglesia perfectamente constituida: en hábitos, en profesión interior, en confesión. La representación no oral de la confesión es el hábito de una postura.
𡺓𡺔𡺕𡺖𡺗𡺘𡺙𡺚𡺛𡺜𡺝𡺞𡺟𡺠𡺡𡺢𡺣𡺤𡺥𡺦𡺧𡺨𡺩𡺪𡺫𡺬𡺭𡻒𡻓𡻔𡻖𡻗𡻘𡻘𡻙𡻚𡻛𡻜𡻝
viernes, 20 de marzo de 2009
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