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viernes, 13 de marzo de 2009

Sollers. Paradis

El escritor está solo, abandonado por las antiguas clases y por las presentes. Su caída es tanto más grave como que hoy vive en una sociedad donde la soledad es considerada en sí misma como una falta. Aceptamos (es nuestra perfección) los particularismos, pero de ningún modo las singularidades; los tipos, pero no los individuos. Creamos (astucia genial) coros particulares, dotados de voces reivindicativas, chillonas e inofensivas. Pero ¿y el completamente aislado? ¿Aquél que no es ni alemán ni francés, ni mujer, ni homosexual, ni loco, ni árabe, etc.? ¿Aquél que no pertenece ni siquiera a una minoría? La literatura es su voz, que, por una transformación ‘paradisíaca’, retoma espléndidamente todas las voces del mundo, y las mezcla en una especie de canto que no puede ser entendido sino llevándoselo, para escucharlo (como en esos dispositivos acústicos de gran perversidad), muy a lo lejos, en adelante, más allá de las escuelas, las vanguardias, la prensa y las conversaciones. Roland Barthes. Sollers écrivain.






voz flor luz eco de luces caída en cascada sobre el negro cáñamo descortezado fino hilo desde el inicio extraviándose más abajo estrechaba sus manos cerradas de sueño y la corriente se atascó reinició estárter el río la ciudad de los sauces seda de oro salida del papel yute lino caña arroz pluma algodón en la espuma 325 lumen de lumine en el 900 sustitución de las monedas 1294 expansión persa después todo recto hasta nuestros deltas mi quimera de momento consiste en detenerlo todo pasar por las líneas a nado brisa mañana fuego lagos espejos mezclando los follajes el agua calma marea no se sabe nunca cómo abordarlo sin embargo he comenzado comienzo me agarro a la esfera comenzada vengo de allí volveré iré comienzo comenzado tendido desplomado sobre ella y agarrando sus puños con mis manos dormía extenuada como una piedra desconectada herida en su sueño y yo pensando xanadu bóveda caverna mar sin sol vagina sin retorno y jamás merecida jardines ríos sinuosos árboles de incienso con claros qué hondonada para descansar en medio de la noche cubierta dancing rocks and mazy moción he ahí la fuente límite genital del hombre flos florum cúpula soleada cerca de los sótanos de hielo cómo nutrirse de escarcha láctea resulta extraño agarrarse así asido sobrecogido en lo inasible diríase de un advertido músculo que la dejara fluir arrastrada parda gaseosa fisurada dorada vamos vamos puesto que he dicho que no quería inscribirse han creído por un momento aislarlo en forma de bolsillo halo azulado de atmósfera energía esponja del anticáncer ojos gris-azul materia de materias imposible pues aparecer como una flor y afirmar que estuve allí estaba allí estoy allí me era allí me estaría allí volvería cuanto antes mejor que nadie Abraham en persona contaba cortaba descontaba oro ahora bien sin ninguna responsabilidad no obstante he tenido este sueño en collar de cuentas dentadas excavadas en haz de pinzas saltándome al cuello para perforar registrar desencadenar una lucha a muerte yo os digo que para quitármelo a dentelladas correría mucha sangre por todos lados aparatosamente sangre por todas partes forma cómica de mantener la comarca en cuanto a los demás los veo ardiendo no no no los veo los pienso no no los tengo en el pensamiento tampoco no es eso pasan de mí los tengo en contra polvo ligero ceniciento ligero polvo impalpable polvo volátil y aún así siempre firmes en sus rictus se alzan llamas polvos y llamas polvos devoran por necesidad y por hambre de justicia deberíamos jalarnos esta época menguante licuante resquebrajada y por necesidad bordearla ganar la otra orilla o darle completamente la espalda en realidad Aristóteles dijo que la tragedia se remontaba a los ditirambos y la comedia a los cantos fálicos pero falo como tal en 1625 poco utilizado y no antes del siglo 19 curioso no lo sabía comprendes no puedo considerar libre a un ser que no tenga el deseo de cortar los vínculos propios con el lenguaje veamos entre los 13 y los 18 años la especie tiene su propio cataclismo genésico por un lado la práctica por el otro las reglas que se murmuran las niñas en la escuela también los niños las tienen se les nota en las ojeras tú crees lo creo malditos pajoleros los hijos de macho anegando todos los bosques como urinarios paso entre ellos más allá en los musgos esponjosos inundados empiezo a hilar fino ahora

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