Es por tanto una implicación de sobra ya conocida por los círculos de eminentes sabios. Éstos mismos que aducen que un paseíto diario no les vendría mal del todo. Devoran los instantes como si fueran cajoneras, armarios, y tiendas de porcelana. En su vida no hay más que una cosa: un yo ordenado, bicefálico, multicefálico, multiglandular cartesiano pero parsimoniosamente bipedente, encarrilado, gustativo. ¿Qué no se ven? Claro que no se ven. Es de sobra conocida la leyenda: mamá y papá la cuentan a diario. La corroboran otros festines e individuos, por ejemplo, en las mejores fiestas que por tradición (cabras, y otros animales de corral) han sabido mantener, mantenerse y mantenerla enhiesta, a su lado, con flamante banderín, púrpura, mil cosechadores de luciérnagas de sobra para ir tirando hasta altas horas de la madrugada. En fin, mi señora psicóloga, esto es lo que deseaba mostrarte.
¿Se puede saber de quién es?
¡Aquí viene!
Nada más ejemplar que el intercambio de cartas entre Jacques Rivière (un supuesto editor, hace ya muchos años, ya muerto, francés) y Antonin Artaud (famoso actor de teatro, de cine de antes de las dos guerras mundiales, escritor, poeta, pintor, dibujante, nada que ver, para situarnos, esquizofrénico y recluido, aislado, atormentado, sometido a la electricidad, electricidad sólo comparable a los focos de un estadio de fútbol, y por supuesto no olvidadizo en cuanto a sus verdugos, escribe rarito, vinculado con el surrealismo en un principio, y escribe odas cacunas, excrementales... También francés... La relación entre ambos personajes es la siguiente: uno de ellos, el segundo creo, le manda unos poemitas al primero, creo, al editor, en definitiva. Éste los rechaza. Fórmula secreta: escribes bien, tío majo, pero en fin, estos poemitas que me enviaste se podrían mejorar. En fin, c'est dit. Escribes bien tío majo dio lugar a una primera entrevista promovida por el editor con el firme propósito de formarse una idea del hombre-poemita-flagrante en cuestión. Historia: Puede que por aquella época Artaud ya hubiera interpretado a uno de los fustigantes-ilustres, el más benévolo, de la inquisición que trataba el caso de Juana de Arco; pensemos en la forma y manera casi ginecológica de extraer los grandes acontecimientos divinos de aquella miserable niña, precisamente la obstetricia; precisamente la matrona, precisamente los métodos y los fórceps. Película que todos hemos de haber visto alguna vez, en definitiva, y con lógica, cine mudo. ¡La expresión de esos viudos inquisidores, por favor! En fin, a partir de la entrevista ambos se cartean durante una temporada. La anécdota: se publica la correspondencia entre ambos; a lo que Artaud reclama, por otro lado, la inclusión, no obstante, y sin perrerías, ni nada por el estilo, de sus poemitas. Esta cháchara solipsista entre el autor y el editor-que-rechaza-la-obrita es la única guía para que el texto que sigue puedas comprenderlo con mayor plenitud; pues, prosigamos)
...decía que nada más ejemplar que este intercambio epistolar. Rivière sostiene la imagen de una función pensante autónoma, dotada de una naturaleza y una voluntad de iure. Por supuesto, todos experimentamos las mayores dificultades para pensar: falta de método, de técnica o de aplicación, e incluso falta de salud. Pero las dificultades son dichosas: no solamente porque impiden a la naturaleza del pensamiento devorar nuestra propia naturaleza (debería ser subrayado), sino porque ponen al pensamiento en relación con obstáculos que son otros tantos "hechos", sin los cuales no conseguiría orientarse, sino porque nuestros esfuerzos por superarlos nos permiten mantener al ideal del yo en el ámbito del pensamiento puro, como un grado superior de identidad que nos es propio, por encima de todas las diferencias, variaciones y desigualdades que de hecho nos afectan de continuo. El lector constata asombrado que cuanto más cree Rivière aproximarse a Artaud y comprenderlo, más se aleja de él y habla de otra cosa (ESTO NO TIENE CONNOTACIONES CON NOSOTROS DOS, ME EXCUSO, ES NECESARIO). Raramente se dio tal malentendido. Etc. Tampoco las dificultades que dice experimentar deben ser entendidas como hechos, sino como dificultades de derecho que conciernen y afectan a la esencia de lo que significa pensar. Artaud dice que el problema (para él) no es el de orientar su pensamiento, ni el de perfilar la expresión de lo que piensa, ni el de adquirir aplicación y método, o el de perfeccionar sus poemas, sino el de llegar sin más a pensar algo. Esa es para él la única "obra" concebible; lo que supone un impulso, una compulsión de pensar que pasa por todo tipo de bifurcaciones, que parte de los nervios y se comunica al alma, para llegar al pensamiento. Etc. Sabe que la dificultad como tal, y su cortejo de problemas (AQUÍ VIENE LO QUE ME RESULTA TOTALMENTE SATISFACTORIO)y preguntas, no son un estado de hecho, sino una estructura de derecho del pensamiento. (ALGO ASÍ COMO: LA ALFABETIZACIÓN NO ESTÁ HECHA PARA LOS ANALFABETOS, SINO QUE ESTÁ HECHA POR LOS ANALFABETOS; entonces qué sentido tiene: tener derecho a la alfabetización.)
Hecho y derecho, hecho y derecho...
Que haya acéfalos de pensamiento, como hay afásicos del lenguaje, amnésicos de la memoria, y agnósicos de la sensibilidad. Sabe que el pensar no es algo INNATO, sino que debe ser ENGENDRADO en el pensamiento. Sabe que el problema no es el de dirigir o aplicar metódicamente un pensamiento preexistente por naturaleza y de derecho, sino el de hacer nacer lo que aún no existe (por ejemplo, un alfabeto y un derecho a la desalfabetización)
Réellement bête, dice Rivière...
No hay otra obra, todo el resto es arbitrario y puro adorno: pensar es crear, no hay otra creación, aunque crear es ante todo engendrar "pensamiento" en el pensamiento.
Ya quiero llegar al fin de hecho.
Buenos días.
Escribe el resto del post aqui
𡺓𡺔𡺕𡺖𡺗𡺘𡺙𡺚𡺛𡺜𡺝𡺞𡺟𡺠𡺡𡺢𡺣𡺤𡺥𡺦𡺧𡺨𡺩𡺪𡺫𡺬𡺭𡻒𡻓𡻔𡻖𡻗𡻘𡻘𡻙𡻚𡻛𡻜𡻝
martes, 2 de febrero de 2010
Para mi psicóloga.
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