El niño es una monada (fragmento)
Yo no puedo ser ciencia. O ciencia unánime. O si se quiere precisarlo con precisión de precisador, la ciencia es una cuenca curvada o planicie individualísima, pero no hay ciencia para que el hombre solo si aun después de un accidente gordísimo se quedara solo a renglón seguido expectorando el azufre de un meteoro colisionador preturbador globalizador. Eso claro en millones de luces diseminadas oportunamente desde una contracción remota de miles mediodías. En esta soledad de mediodía Mahýte me alcanza, por ejemplo, un vaso de agua cristalina. Después del trágico accidente/occidente la ciencia no puede nada y Mahyte solo alcanza a alcanzarme un vaso de agua cristalina. Y el orbe no sea más que un solo planeta y un planeta plano y un vaso de escanciada agua sin desbordar sin precisión y no hay más que un planeta y el planeta no es para nadie sino para todos ¿adónde vas a ir? ¿a incorporarte? ¿in corpore sano? In mente enfermiza, o de mala ralea. Andando el tiempo, como vereda de monje. Allá a lo lejos el temblor de una isla juvenil bajo los andares de un holgazán dinosaurio que mira inquieto con ojos coruscados de dos conejos, coño. Se plantea la posibilidad de un maldito juego entre el dinosaurio y el advenedizo. El dinosaurio y yo. (El dinosaurio con todo su peso antediluviano carbonífero décima cuarta generación o degeneración, según se mire.) El dinosaurio y yo, yo y el dinosaurio. Él emprende su tarea de machacarme los huesos, le sobra un fuerte pisotón, a lo que opongo algo más delicado, un cruce de piernas de princesa que pertenece a las vicisitudes de la Gloria (mientras años atrás hábiles perforadores aguijonearían como abejas jactanciosas tu vientre de León perezoso, tu maldita fecundidad). El conejo/coño es una liebre/rata/mensajera. ¡Mira las florecitas, el verde rebaño de juncos, las propiedades curativaromáticas de los cañaveros! Huele/olfatea se traga una: coño la ciencia pervive al modo de un hocico pestilente y una barriguita saturada. Plantas en el fondo barruntadas. Talles verdes como esponjas moradas y coño hace saltar lo medicinal en el bingo de lo enorme, y con el cuento de su puta gastroenteritis. ¡A mí me machaca los huesos y de paso los nervios! No puedo permitirme el lujo de ser tan holgazán como el dinosaurio malito. Conservo toda una responsabilidad secreta o gas nervioso. Altamente fluyente, con sus ríos de sangre (mucha de sangre) medidas combustibles y espacios HUECOS PARA LA IDEALIZACIÓN subyugados por una fractura, brecha, falla, rotura, ni alza el vuelo (porque no puede) ni grita a gritopelado. Lo suyo es un desastre. No puede. La verdad connatural: ¡no puede holgazanear! Ni con una piedrecita ni remojando la punta del dedo (y el ano) en un charco pequeñito ni sumergiendo el dedo entero en un río proceloso (como dirían muchos en las entrañas de un río poético) lejos del modelo espectacular de los océanos empujantes... No, mal dicho empujante: empujar fácil parto, libertad fluyente, coño, y al lector que se las apañe como pueda. Tengo ya bastante problema con que un dinosaurio holgazán y solitario me ande buscando las cosquillas. Digo que ÉL no puede holgazanear que YO no puedo holgazanear. Si el mecedor movimiento de un dedo mecedor sobre y bajo la superficie si sardinas descabezadas regurgitan la Una. La cabeza en todo caso es el sponsor. La presión, el temblor, la acechanza del monástico sudoroso el cuadrúpedo motor (dinosaurio Ford) me atemoriza para ultrajarme en una salva de luz ya de por sí lumínica poderosísima y peligrosa, hostil e incongruente. Ja, ja, ja... ¡En una selva siempre es tacto húmedo, burbuja quiero decir! Algunos ya verán claro el proteic. No, (no), no tiene sentido decir proteico. La idea ¡gloria para la idea! forma parte del espectáculo. Gigantismo. Quiero decir que en lo de decir proteico no me viene a la memoria decir Dinosaurio cuyas proteínas, etc... Agazapado para las prolijas vitaminas omite una virginal nota la. Tabla periódica de la sandez. Mayte me acerca un vaso y aprecio todo cuanto has hecho por mí: fuerza centrífuga poderosa, y entre otras cosas el Dinosaurio, Occidente/accidente, la ciencia. Es una guarra maligna desprovista del sentido de la proporción (al menos referida a mí). Un no vivir, un culillo de mal asiento. Se lió con Renatiman de mala manera. Pero era/es otra historia.
Como una chiquilla se acerca y me dice: ¡Soy un astro imperturbable de luz congénita!
(En cuanto a la numerología Véase especialmente la minerología.)
Cuaderno de bitácoras de un ronco sarpullido, kra, kra, kra...
En cuanto a todos los capullos del planeta véase el culo de tu madre que no pasa de ser una típirra rosa cuadrangular a la que le falta el tabique Quattro.
El Neonato traspasa un umbral gloria infinita al pedo canal de canales canal panameño gloria inscrita en el gigantismo y los ejes motores. Cuando asomamos el astro mental al mundo de los dinosaurios al menos éste recibe tal impacto como el impacto de un pedo mercurial que obra a desvelar un sentido de los cinco al menos. Puede y no digo que no pueda existir no obstante con ayuda de la providencia la deflagración de otro sentido: el oído. El pedo si es ensordecedor acabara maniatando las multidisciplinarias homilías de digestión/digresión: el sermón o la rapidez con que fluctúan los líquidos abdominales. O sea que la bienvenida es una epopeya. ¿La bienvenida romper la palabra por desgana? ¡Oh, epitelialmente devastador! ¡Un trueno, coño! Ya basta, dijo Skato pseudonómicamente.
𡺓𡺔𡺕𡺖𡺗𡺘𡺙𡺚𡺛𡺜𡺝𡺞𡺟𡺠𡺡𡺢𡺣𡺤𡺥𡺦𡺧𡺨𡺩𡺪𡺫𡺬𡺭𡻒𡻓𡻔𡻖𡻗𡻘𡻘𡻙𡻚𡻛𡻜𡻝
lunes, 23 de febrero de 2009
EL NIÑO ES UNA MONADA I
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