El paraíso es un efecto ambiguo, una vibración espontánea en el peor momento. El paraíso es un efecto preciso, una dulce recalibración de los efectos de tu misil. Nos vestimos tal artefacto por los pies como unos buenos pantalones. La nasa es un concierto de voces presiona tu tecla joder deja la mía en paz joder. Entre joder y joder da igual en casa en zapatillas o con el mono puerco de trabajo. El primer mono espacial por ejemplo que yo recuerde en Boris Vian; una verdadera tontería pero me pareció entender, al principio, a lo mejor fue cosa de la traducción, que un mono era mecánico inmerso en el motor de un extraño artefacto de la infelicidad. El paraíso es un recipiente lleno robusto anti agujero negro lo que quiere decir que hay una evidente necesidad de soltar lastre, algo disimilar a la inercia queja de la gravedad, de la muralla gravedad de nuestro porcanismo. La muralla de la célula donde habitan los paradisíacos seres, la cantidad diferencial electrones, es cosa nasa de nariz de no inclinar cerviz en la inclinación vas muy rápido, frena coño frena coño chato boxing chato gato sin pelo cariñín qué haces aquí: y ella dice vislumbra estoy de acuerdo el paraíso. Una lumbre con el sol es suficiente y una superficie verdosa, un toallita mojada, un disparo de adolescente, acabas en la piscina abultado sepultado en la superficie no eres un tío con suerte o no estás en el paraíso. Si leemos con atención la muerte de Virgilio tiene un efecto embriagador por condensación, incluso por erosión. Las células se estiran hasta romperse, las células del cerebro se estiran hasta lo imposible. Pero Broch tenaz ansiando la venganza su disparo es Virgilio en pleno su disparo al corazón Virgilio de un calibre considerable mi propio misil considerable no esa cosilla ridícula que te cuelga como un desperdicio. Es considerable que después de aquello y muchos años después Sollers escriba:
Los que no comprenden nada (de lo que leen) esto (paradis, de Sollers, el misil, y la nasa teniendo en cuenta la contracción de cohete tripulado por misil a secas o a chorro) se lee de un tirón como una novela policial con la condición de no detenerse en ningún instante (leer sin mirar atrás o sin creer que no se ha comprendido) lo sabemos todo lo asimilamos todo pero de repente después (cuando algo, un fragmento empieza a tener sentido) se esfuma lo que se ha leído si ello forma un todo se olvida todo se diría que se disuelve que apenas permanece un ligero remolino y al fin lo que alcanzas (el lector travieso) en conjunto es como la forma de las formas la forma del sentido fuera de las formas el goce en sí mismo.
Tomar una cierta velocidad en lo que se lee, no mirar lejos, ni cerca, llevar la contabilidad exhaustiva de cada palabra, casi forzar el ojo deshabituar el ojo desorganizar el ojo que el ojo no es aquél que ciego nos pide periódicamente desde el fondo de yo qué sé la luz que le sobró, en el misterio aquél, el ojo es el ojo nada más que ojo. Amén.
𡺓𡺔𡺕𡺖𡺗𡺘𡺙𡺚𡺛𡺜𡺝𡺞𡺟𡺠𡺡𡺢𡺣𡺤𡺥𡺦𡺧𡺨𡺩𡺪𡺫𡺬𡺭𡻒𡻓𡻔𡻖𡻗𡻘𡻘𡻙𡻚𡻛𡻜𡻝
jueves, 26 de febrero de 2009
El recorrido de la lectura es un paraíso en miniatura, ¡mentira!
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