Pues el escritor está solo, abandonado por las antiguas clases y por las presentes. Su caída es tanto más grave como que hoy vive en una sociedad donde la soledad es considerada en sí misma como una falta. Aceptamos (es nuestra perfección) los particularismos, pero de ningún modo las singularidades; los tipos, pero no los individuos. Creamos (astucia genial) coros particulares, dotados de voces reivindicativas, chillonas e inofensivas. Pero ¿y el completamente aislado? ¿Aquel que no es ni alemán ni francés, ni mujer, ni homosexual, ni loco, ni árabe, etc.? ¿Aquel que no pertenece ni siquiera a una minoría? La literatura es su voz, que, por una transformación ‘paradisíaca’, retoma espléndidamente todas las voces del mundo, y las mezcla en una especie de canto que no puede ser entendido sino llevándoselo, para escucharlo (como en esos dispositivos acústicos de gran perversidad), muy a lo lejos, en adelante, más allá de las escuelas, las vanguardias, la prensa y las conversaciones.
Roland Barthes. Sollers écrivain.
(Hay cosas que se escriben PORQUE NO PERMITO que las borre la nostalgia de un pasado que controla enteramente maese neurosis. Cosas, recosas, más que cosas cosidas en el interior de una chaqueta, en los pantalones...)
𡺓𡺔𡺕𡺖𡺗𡺘𡺙𡺚𡺛𡺜𡺝𡺞𡺟𡺠𡺡𡺢𡺣𡺤𡺥𡺦𡺧𡺨𡺩𡺪𡺫𡺬𡺭𡻒𡻓𡻔𡻖𡻗𡻘𡻘𡻙𡻚𡻛𡻜𡻝
jueves, 26 de febrero de 2009
Me aparto para dejar pasar a una vieja que dice ser mi mamá
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