Esta teoría cultural de la diferencia de los sexos en el matrimonio no tiene cabida posible en la filosofía del espíritu de Hegel.
El amor y el matrimonio pertenecen al elemento de la libertad de la conciencia y suponen el Aufhebung de la diferencia sexual. La guerra descrita por la antropología pragmática (Kant) tiene lugar, de hecho, pero sólo en la medida en la que la pareja no son verdaderos esposos, lugar donde la esencia del matrimonio no se ha cumplido. Se limita (reste, queda, en este caso permanece; se automutila, o mutila, quedándose con algo, lo que allí queda, naturalmente, descriptivamente; o lo que ven los ojos, lo que queda y se percibe) a la vida sexual de la naturaleza empírica, anterior a la emergencia de la Sittlichkeit (ética/Hegel). Lo que Kant ha descrito no es en suma nada más que una estructura de accidentes empíricos, 'pragmáticos', (sin levantar, sin erigir, sin hacer acopio de las cosas que emergen por la acción, sin importarle, en este caso haciendo caso omiso, ocultando, hundiendo, en qué sentido no siendo consciente, o no queriendo ser consciente, en francés: ne relevant pas du concept, tiene atrás, en el texto de Glas un largo historial), sin servirse del concepto puro del matrimonio (no pudiendo levantar el concepto y ver lo que hay debajo: en este caso seguiría el camino empírico, y por tanto, omitiendo el concepto como relevo, como mediación consciente para superar ambas partes, en este caso, la pareja, simplemente la pareja, en algo muchísimo mejor: el matrimonio, lo cual cumpliría con otras muchas cosas, cumpliendo los plazos de un crédito, alcanzando lo deseado; una vez los plazos asumidos iríamos, en coche o a pie, hacia el bienentendido, es decir, lo pagado, y hacer usufructo, apropiarse de ello, en cuanto felicidad del momento, en cuanto satisfación, pero sobre todo cumplimiento, un trabajo bien hecho, acabado, realizado, cumpliendo los plazos, asegurándose de todos los compromisos ya cubiertos, y guardándose lo que se ha ganado con objeto de seguir en la misma línea, u objetar recurriendo...) o separándose de él (del concepto puro del matrimonio) POR VICIO O PERVERSIDAD (trabajo mal hecho, incapacidad, orgullo; pero estos son lógicamente detalles empíricos). Kant no ha podido pensar, no ha empezado a pensar el concepto del matrimonio. Éste, en una posición determinada, estando puesto en su sitio, quien lo coloque lo sabrá, lo encajará, de sobra lo podrá utilizar, incluso reservándose nuevas sorpresas, Hegel, al contrario, quiere deducir su desarrollo y no su regresión. Una vez más, Kant permanecería (mutilado por perversión, o incapacidad, o por vicio, deferencia a su teoría, a su época, al empirismo) en la conjunción NO DIALÉCTICA (supone yuxtaposición, análisis sobrio en las cosas expuestas en un escaparate, uno a uno, uno por uno, mirando de frente, sin vacilaciones, sin oscilar por encargo de un sentimiento o emoción, o una atención reflexiva) de un empirismo y de un formalismo, (denuncia Hegel en un artículo sobre el derecho natural). Sin proceder desde el concepto, unidad esencial del matrimonio, se acumula y se abstrae, en total desorden, infinidad de rasgos descriptivos, pegándose como una lapa la violencia empírica y el formalismo contractual.
Propiamente nos aseguramos de que el matrimonio viene de una ontología que quiere ser metafísica cumplida en días posteriores, temporalmente cumplida, actuable, pronosticable, de hecho vivible. La posición de los personajes de mi novela, el niño es una monada, establece esa diferencia, entre lo que es un matrimonio, en qué consiste la primera provocación para cumplirlo, lo que incluso lo pone en movimiento hacia algo más (ésa es la cuestión); si ése algo más, como Hegel precisa posteriormente, no sería un niño, un niño mono, un niño provisional, viril, apenado, triste y obcecado, viril reprimido, siempre que sea un niño; y lo que resulta de un abencerraje patético, y de yuxtaposiciones incalculables. Toda una cultura a disposición para decidirlo. Hay un tiempo, se exige un tiempo. La princesa, la rana, el charco, la melodía de un laúd; y si un código está escrito de antemano como una cinta de Moëbius o bien como el dobladillo de un pantalón, o los momentos de revolución personal, es decir, en una profunda, sólo aparentemente, sinceridad epistolar, como epitelial, en el fondo asunto de piel, de sensibilidad, de nervios. Un instante coincide con dos direcciones de Glas, o más bien, dos posturas de Glas, siempre en un principio y practicamente en los inicios del libro: la ética Hegeliana, y simplemente la moralidad Kantiana, que plantea la total indiferencia hacia la familia. 'La crítica de la filosofía práctica de Kant organiza toda la Filosofía del derecho: asegura el pasaje de la Moralidad a la Ética (Sittlichkeit). Kant no puede, no quiere, a ojos de Hegel, pensar la posibilidad de la Ética, luego no quiere ni puede, por motivos a analizar (con o sin Hegel), pensar ese momento esencial de la Sittlichkeit que es la familia. No habría pues concepto kantiano de la familia, concepto filosófico, lógicamente deducible y rigurosamente asignable, que escape a la cháchara (el niño es una monada: Hay que poder levantarse e irse de toda reunión social que no sirve para nada, y dejar los rostros que no son nada y las cabezas a menudo ilimitadamente estúpidas, y poder salir y bajar e ir al aire libre, y dejar atrás todo lo relacionado con esa reunión social inservible, tener la fuerza y el valor y la desconsideración también hacia uno mismo para dejar atrás a todas esas personas ridículas, inútiles y embrutecidas y llenar los pulmones de algo nuevo, hay que dejar por el camino más rápido esa reunión social inútil, convocada nada más que para su propio embrutecimiento, y no convertirse en parte de esas reuniones embrutecidas, volver a uno mismo desde esas reuniones y encontrar en uno mismo tranquilidad y claridad), de una antropología empírica. No existe la familia Kantiana en el mismo sentido que hay una familia Hegeliana: lo que ésta implica - el amor, el matrimonio (monógamo) y sobre todo el niño - sería inconcebible en Kant. Salvo por accidente empírico y extrínseco: como un bastardo. Al final de su vida, Hegel responde a un hijo natural que ha venido para dejarse reconocer: sé que he tenido algo que ver con tu nacimiento pero antes de eso estaba en lo accidental, ahora sí estoy en lo esencial.' Pág 9, izq., parrafito; y pág 10, izq., parrafito.
Sin embargo, para Kant, existe en ciernes una familia humana, un cierto humanismo que aparece por alfabetización. En el niño es una monada aparece el misántropo que lo compromete (el humanismo) tildándolo de odrismo, de aerofagismo impúdico. Pero tal misantropía no puede hacerse a un lado sino que debe pertenecer al mismo tiempo, cronológicamente simultánea a la filantropía humana. Caso de aberración accidental, de enfermedad, de cáncer. Glas: 'Los medicamentos son alimentos diferenciados, pero totalmente indigestos, negativos y extraños. Venenosos. 'Los medicamentos son en buena medida excitantes negativos, venenosos (gifte)'. Al organismo, que se ha "alienado" a sí mismo en la enfermedad, se le presenta, con el remedio, alguna cosa que le es extraño (también extranjero), que viene de fuera. Delante de este estimulante indigesto, "intolerable", el organismo se recobra, se reapropia, acomete un "proceso" que le permite retomar posesión de su "sentirse a sí mismo", de su "subjetividad". La intervención famacéutica no es pues eficaz sino en la medida en que es rechazada, de una cierto modo. Si no puede vomitar el veneno farmacéutico, y al mismo tiempo restablecer lo que le es más propio, el enfermo muere. Pero esta muerte no es natural.' Pág. 163, izq. Vivir en el interior de una enfermedad es vivir deseando la cura filantrópica que jamás se realiza. Es denegada constantemente por el enfermo mismo en el momento que ha de sacrificar todo cuanto tiene. No es natural porque tampoco la enfermedad lo es. Pero si el misántropo como enfermo no muere porque el hijo no aparece, y no tiene responsabilidad en el ejercicio de la educación, la educación sin embargo se ejerce propiamente en el vivo pero en cuanto enfermo de muerte, en este caso. El que se educa libremente sin responsabilidad, delira y está enfermo.
Porque el niño es el objetivo último del matrimonio (Hegel), en cuanto que recibe educación de un par de muertos. Si el padre y la madre están muertos, la noción de curación y salud mental se relega a una disposición más alta, una ciencia que espera simplemente a autodefinirse por sus vástagos especuladores. En otra parte, tradición es lo contrario al hijo que deseamos que salga del amor, y de la familia. Pues si la tradición es algo enteramente empírico, no así la necesidad absoluta de los hijos que nacen de relaciones totalmente inequívocas (la previsión 'inducidas' a tales familias está por encima de sus razones empíricas, o de estados pasajeros, o de hijos involuntarios). El sujeto nace de su propia fortuna y de su propia 'tradición'. Tradición que puede llamarse autosugestión. Las reglas del sujeto que se cura a sí mismo son completamente equívocas. Los libros que Juan tiene en su casa obedece a una transgresión bibliográfica. ¿Cómo salvar a Glas de los buenos prosistas, de los buenos filósofos, de las retóricas, y de las buenas intenciones? ¿Como salvar a Glas de los premios Nobel? La salud mental es para quien sepa adónde ir a morir en el caso de estar solo. Un vástago especulador es un oportunista de primer grado. La descendencia participaría de una miseria total. El legado de una patria es una camarilla de adolescentes. Las guerras son factores visuales por las que yo mataría por tener una buena experiencia. Abandonarme en una trinchera como Wittgenstein y quejarme a Russell de todo lo demás. Cagarme en Russell y en todos los demás. La filosofía es tradición u obstetricia socrática. El primer comadreo, cháchara, las primeras reuniones, las primeras muestras de afectos entre jóvenes y ancianos, los primeros tocamientos, a la una, a lo uno, en lo uno, para una sola vez, y como última oportunidad. ¿La primera oportunidad es siempre la última oportunidad?
Los padres no están muertos porque están muertos sino porque se espera que lo estén.
𡺓𡺔𡺕𡺖𡺗𡺘𡺙𡺚𡺛𡺜𡺝𡺞𡺟𡺠𡺡𡺢𡺣𡺤𡺥𡺦𡺧𡺨𡺩𡺪𡺫𡺬𡺭𡻒𡻓𡻔𡻖𡻗𡻘𡻘𡻙𡻚𡻛𡻜𡻝
viernes, 3 de abril de 2009
El matrimonio, el patrimonio (glas, derrida, pág 184 2º párrafo izquierda)
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