𡺓𡺔𡺕𡺖𡺗𡺘𡺙𡺚𡺛𡺜𡺝𡺞𡺟𡺠𡺡𡺢𡺣𡺤𡺥𡺦𡺧𡺨𡺩𡺪𡺫𡺬𡺭𡻒𡻓𡻔𡻖𡻗𡻘𡻘𡻙𡻚𡻛𡻜𡻝


sábado, 4 de abril de 2009

Finnegans aporta peso a Glas (pág. 190-192, izq., II)

El punto en el cual nos encontramos, la lucha a muerte por el reconocimiento opone las conciencias, pero las conciencias que el proceso familiar ha constituido en totalidad. El individuo que participa en la guerra es un individuo-familia. No se puede comprender la esencia de la conciencia sin pasar por la 'Potenz' familiar.

Cómo me gusta que la familia sea lo que sea, sea yo el que sea, cómo me gusta que la familia, me hunda, me eleve, me vuelva a hundir, me diga lo que tengo que hacer, que yo le diga lo que no tengo que hacer, que esté por ella, inconscientemente, sobre todo, a la que salta, anteponiendo muros, o creándome la primera prisión, puesto que he favorecido la enfermedad, me enferma, y he puesto los nervios, en el fondo, a la intemperie, en la realidad de la materia medio sí medio no, o como dice Ortega y Gasset: [Una de las mentes más profundas del romanticismo alemán, el teósofo católico de Munich, Franz von Baader, que influyó copiosamente en Shelling, como este reconoce, y en Hegel, que, caso insólito, no es parco en reconocerlo, expone una doctrina fantasmagórica del origen de la materia que por expresar muy bien en su figura casi mitológica la idea cristiana de 'este Mundo' y por ser muy poco conocida, incluso en Alemania, merece ser enunciada aquí. Dios - viene a decir von Baader - es ante todo el Creador, sustrato de un eterno Fiat. De suyo es incapaz de crear sino lo perfecto, seres que plenamente son. Por eso, ejecutó una primera creación, la originaria, la auténtica en que no había materia. Era el Mundo bueno del primer hombre antes de la caída y de las 'jerarquías primitivas' de los Angeles, cuyas principalidades son Miguel, Lucifer, y Uriel. Pero Lucifer quiso 'afirmarse frente a Dios', ser por sí y, negando el principio que le había dado el Ser, tornarse en principio de sí mismo, es decir, absoluto Ser. Dios, irritado, fulminó contra él la orden de destrucción y aniquilación. El que quido ser pleno Ser va a ser la Nada. Pero en un instante de la eternidad, indiscerniblemente posterior a aquel, Dios siente misericordia y fulmina un nuevo decreto suspendiendo el primero: hay que dejar ser a Lucifer. Pero el primero había ya comenzado a cumplirse: Lucifer se está convirtiendo en Nada y cuando la segunda orden llega, no le queda de Ser más que en último y estricto mínimun para aún ser algo, esto es, para ser casi Nada. Este ser que está lleno de no-ser, que no tiene de tal sino lo necesario para portar su Nada sustantiva - que no llega a ser más que un fracasado no-ser e interrumpida aniquilación -, es el Ser de la materia, es 'este mundo' y nosotros en él. [...] La materia es el límite de este anonadamiento, es diríamos, el diferencial ontológico en que se detiene la completa 'abismación' de la criatura. [...] ... se debe no a un acto de creación sino a un divino acto de justa destrucción frenado por una acto de misercordia. (La idea de principio en Leibniz, pág. 306, Revista de Occidente.). Se verá que la idea de un luciferino antipronóstico de las aberraciones residuales de Dios no se complacía con la neoplastia del cirujano jefe. Lo interesante es, sin duda, la llegada de ambos actos contradictorios. Acto divino por encima de todas las cosas y desde luego un acto de misericordia como no podía ser de otra manera. Y este acto de arrepentimiento último para trastornar la vida incipiente de los humanos, no es sino aproximativo, guarda recelosamente el insondable recuerdo de un divino acontecer, y hace legal disposición sobre la compulsiva materia, nuestro fondo de armario. Antes de caer en el fondo de la nada, Lucifer estaciona por orden expresa en el último piso, o sotano. La idea de un ser atravesado por la nada, se comunican, se dicen sí o no, la lotería, los números, el azar, juntos pero con propiedades distintas: el uno divino, o el fleco de un hilo divino, y la nada, acto irónico por el cual todo se detiene a nuestro favor, es la seriedad de un zigzagueo que rompe con las ilusiones de cualquier optimista. Sintiéndose que está lleno por todas partes, al igual que está rodeado de lleno, que nada lo niega a él, y viceversa. Y dos menudencias al paso, lo consciente y lo inconsciente, no es tampoco una idea descabellada de cómo algo niega lo otro, atravesados, ensortijados, pero ¿quién demora a quién? ¿Quién se hace el invisible? ¿Quién se oculta más? ¿Quién de los dos demostraría que el acto divino puede ser efectivamente doble, y valen sus partes por igual? Doble en la meta, doble en los eventos, doble en los premios (o incluso descabelladamente, papá divino, mamá divina). Que lo invisible se oculta para trastornar la pulida sencillez del campo de visión de un señor, en expansión intelectual, por ejemplo. Vayamos a mamá. De momento se retira mamá de Derrida que insustancialmente, y vacía de todo acto, quiso decir algo. Y Derrida es obsceno porque la materia que visualiza son las bragas de la mamá de cualquiera; no se escandaliza porque las bragas de mamá son incapaces de asfixiar el rudo cuello de un interlocutor. Poseída por la indiferencia de la diferencia masculina, atrae 'generosamente' un miembro o dos con demostración de cháchara. La misma despreocupación de la naturaleza sobre ella misma. Casi sin montar espectáculo. O siendo espectáculo pero en la diferencia del depredador. La demostración de cháchara es estrictamente un ruido de agua, un salto, un temblor de hojas secas, el viento, algo parecido a noventa minutos de baño y aseo, erosión y evolución, pero que reúne una total significación medioambiental, de objeto orgulloso, de puesta en marcha, o simplemente 'ello funciona', la 'cosa funciona'. Todo esto lo aclara Derrida, o no lo aclara porque no puede, ni quiere, simplemente porque está atravesado de un margen, de un objeto purísimo, y la idea que le niega en constante invisibilidad. Está por suponer, se trata de ella, ¿quién?, ella. Me ha seguido, siempre, siempre que he mirado la he visto. (¡¡No es la madre absolutamente irradiante que fisgonea al hijo Woody Allen!!; no es ella, porque ella ya estaba antes que ninguna cosa, y el acto de fisgonear es como el acto divino de Dios para la caída en tromba de Lucifer. No es ese acto quien lo/al hijo detiene sino la misericordia, muchísimo más secundaria, de mucha tela más basta. ¿La madre como actor secundario? No, como la misericordia absoluta en el ejercicio de su voluntad, es decir, ser misericordiosa entreverado entre con lo que fue divino alguna vez, y lo que es a medias y no ha sido nunca; está hecho a medias, o está hecho para nada: garantizado asimismadamente por el padre.)

El que uno aparente escribir una novela no es del todo descabellada si la novela existe. Puede que ni en las auditorías, ni en las notarías o en los bufetes de amplio espectro, se considere tamaña desproporción. Una noción de depredador que, en definitiva, está bien para el cine. Pues el cine no es un aparato criptógrafico, sino un movimiento aleatorio con figurillas adornadas. Incluso en Glas se advierte de este lugar, muy finamente, y en consideración a Genet. Una muestra: después de algunos golpes de gl, como siempre... los cuatro hombres negros, penetraron en el interior de Harcamone por la oreja y por la boca, llevados a una exploración ávida y furiosa, atemorizada, maravillada, infinita aventura en un cuerpo más grande que ellos, que parecía llevarlos dentro mucho antes de que tal allanamiento se produjera en sus sueños, y en cuyo interior esperaban encontrarse con el centro o la salida. Globalmente representada, glosada, parodiada toda la literatura mundial de las avenidas edípicas, los periplos, odiseas, calvarios, descenso a los infiernos, recorrido por las pirámidades, de laberintos, mausoleos, países de maravillas, criptas abisales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario