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martes, 7 de abril de 2009

El niño de glotis; Glas, pág. 190-191, ii

No se puede describir una fenomenología del espíritu, es decir, según el subtítulo, 'una experiencia de la conciencia', sin reconocer el trabajo onto-económico de la familia. No hay conciencia pura, ego trascendental en el cual se pueda reducir el núcleo familiar.

Aquí se sitúa el principio de una crítica de la conciencia transcendental como el yo pienso transcendental (pensar se dice siempre de un miembro de la familia) pero también de la conciencia trancendental concreta en el estilo de la conciencia de la fenomenología husserliana. No solamente en que no haya conciencia monádica, una esfera que le sea propia al ego y le pertenezca, sino también que sea imposible 'reducir' la estructura familiar a una vulgar adjunción empírico-antropológica de la intersubjetividad transcendental. Ésta sería abstracta y formal - constituida y derivada - si no se le reconociera la estructura familiar como una de las estructuras esenciales, con todas las potencias que Hegel le implica, la memoria, el lenguaje, el deseo, el trabajo, el matrimonio, la propiedad de bienes, la educación, etc. [Hay que entender que quien pueda hablar como Genet, de esa manera tan fácil, no muy comprensible debido a un estado de constante tráfago criminal, o iniciativa criminal, siempre entre comillas, y siempre en la época posterior a la segunda guerra civil, cuando siempre hay algo mejor que leer y escribir, siempre entre comillas, pero también siempre en movimiento, de la manera más empírica posible, sin estados de mística por medio, sin barruntos de solidaridad, sino con la propia fuerza, la propia declamación poética en un estado de alucinación personal, o la persona como estado de escritura llevada a la mejor de las escrituras, sin el detalle formal de la novela como ejercicio pensante, sino la novela empírica en gracia con el personaje o personajes y con el narrador, el autor, estado de gracia en el conjunto, como un pequeño vehículo que contenga las provisiones bibliográficas necesarias, la intención sagrada, el sacro relevo de la memoria en descomposición, un presente incorporal abusivamente, en total generalidad y particularidad, dando saltos en una y en otra en los momentos más adecuados, y Genet, que equivale a su gracia insondable, una familia numerosa, en el que cada miembro le ha dicho lo que debía de hacer para congraciarse, inquietante, precisamente como esas obras renacentistas y barrocas de la familia, cada miembro con exactitud matemática incluso en el roce, en el reconocimiento, difractando en el área del espacio sin fisura, sin grieta, absolutamente religioso en su dirección, y siempre entre comillas, él ha sabido congeniarse de tal modo: a cada instante transponer, deleitarse, realizarlo, hacerlo realidad para los demás en lo que le quedaba, como generosidad, desinstalar lo sobrante en todo caso, de aquí, o ponerlo en cualquier parte, como el jarrón encima de la mesa, o las cenizas de mamá, y a su alrededor sólo se percibe un transunto de la más alta consideración, cariño, que rompe las piedras y echa a llorar, sólo puede haber una gran familia, si es de penes o de coños, de vaginas o de escrotos, nunca se sabe bien, rayando el coleccionismo, lavabos infinitos, excrementos, deudas, desgarros, heridas, cortadores de cabeza, en una especie de neorevolución francesa, si es la familia francesa, nobles notables llamados independientemente y para siempre. ¡Y cómo nos hemos encontrado con semejante regalo, instrucción y donación! Si cabe más admirable por la recíproca. Precisamente en el niño es una monada no existe el entorno ni la familia, aunque puedan llamarse ocasionalmente hermanos y hermanas, pero sujetos a una extrema obviedad natural, de lenguaje. Todo es ilusorio y triste porque no hay sagrado. Y la gloria admitámoslo no consiste en ponerse un escrito o una novela por corona. No es menos cierto, que en Glas, es Genet, logra visualizar a la madre, de entrada, en la prisión, el momento de siempre castradora, no en la simplicidad de castración, sino en su papel de fidedigna, recuerdo que una madre, palabras sencillísimas, al estilo de una metáfora, recuerdo que si una madre, o está allí en lo necesario para que yo dé el siguiente paso, o de cualquier forma, en un instante muy intenso, siento la proximidad de la madre, etc. No es una ley que promulga pero poco hace falta. Esas cosas que al margen de una actividad bastante vulgar y cotidiana, se ponen entrando a la izquierda, recorriendo un pequeño pasillo, encima de un altar, con la bendición de algo o de alguien, o a la altura de un altar, también a cierta distancia; o cuando se lleva en los brazos, subyace, una larga caminata, voy a ver al coronel, pero hablando de María, ejecutando a María, presentando a María, de soslayo, o temperamentalmente. María o cualquier otra cosa natural, sobrio, distinto por una muesca, una lasca que sobresale, lo que llevamos pesadamente pero no como carga, sino en rácimo, detrás, glandular, muy glandular, orgánico pero a su manera, ni músculo, ni hueso, ni cabeza, ni pecho, ni muslos. Como Glas en su circunvalación o camino recomendable, a la de tres, y das el salto, no te das cuenta de que te has abanicado con dos libros, y que te has echado aire; y cuando termina te quitamos el peso de encima, el que llevabas encima, sale solo; y sólo entonces te das cuenta del peso, y luego vacío. La madre debe estar por allí. Si Genet en cuanto escritor lleva un peso, un fardo, es incomensurable, infinito, inextinguible, una primera época insoportable, llevándolo todo, razonablemente hacia el milagro de la rosa o diario de un ladrón. No es ni dolor ni sobrepeso. Condensando el misterio y lo sagrado, no ejecutado propiamente por la dolencia y estricta separación de la madre que no podía estar allí para considerarlo. Sí, tenía paredes gruesas, le hubiera bastado. Yo también me enfrento en la actualidad a gruesas paredes. En mi casa, en el primer piso, en la primera planta.] La conciencia no se refiere a sí misma, no se asume en totalidad, no deviene ella misma - no deviene consciente - más que en familia. 'En la familia la totalidad de la conciencia es lo mismo que lo que deviene para sí mismo; el individuo se contempla a sí mismo en el otro'. La conciencia no se pone ella misma para ella misma, sino por el desvío de otra conciencia que ella misma se pone como la misma y como el otro. Totalidades singulares puesto que ellas también son dos: contradicción absoluta, insoluble e invisible. La relación sólo puede ser violenta. Las dos conciencias tienen estructuralmente la necesidad de una con respecto la otra, pero no pueden reconocerse sino suprimiéndose, o al menos elevándose sobre la singularidad de la otra - que la excluye. [No tendría porqué desatarse la guerra. No tendría porqué no desatarse una guerra sin cuartel. En el niño es una monada el individio cura y es curado; pero hospitalizado, unilateralmente, deponen su armamento, lo asfixian, consecuentemente según las necesidades de su cuerpo. Eso hace que necesariamente mamá tenga que ser un hospital y no precisamente una prisión. Porque la que empieza primero a alternar tales lugares es mamá embarazada. No bastó en su día con determinadas comadronas, de día y de noche. No bastó con el belén, a escondidas, ni con la casa, que ya empezaba a ser burguesa, decorativamente hablando. Uno no puede parir al lado de la televisión de plasma. Y los ojos que sorprenden de la genealogía. Y el papel pintado. Pero ¿cómo se hace la guerra sin derramar sangre? O al menos al modo que le es propicio en una santa sociedad, santos varones, santas hembras. Producto de la martirología pero en un estado tecnológico incluso en los roles, ciborgs. Sí, porque los primeros ciborgs son desde luego los homínidos postindustriales. No están en ciernes junto a la apocalipsis de los medios: al revés, presentes como en ningún lado, presentes y conscientes. La segunda fase de los ángeles. Pero, insisto ¿cómo no derramar sangre? Pero señalemos que Derrida, al principio de Glas II, en su segundo tomo, al cual nos referimos constantemente(existe la versión en Galilée, tomo único, la disposición de la página es distinta. Galilée es la editorial de Derrida por antonomasia, y no se dedica a saldar cuentas con los libros transportables), sigue con estas primeras páginas acerca de las conciencias encontradas, que de algún modo son sabidas de memoria por la población, a ras de suelo, en las experiencias nocturnas, en las peroratas pseudotransgresoras de los reality show; pero Derrida sabe elaborar la memoria a su favor, pero aquí el favor es completamente lineal, la guerra lo es, la lucha por la primacía de una sola conciencia; simplemente enquistarla en una familia más o menos con cierta responsabilidad para devolverle tal vez su ruindad teórica; o tal vez para hallarle lugar en el seno de un desarrollo postindustrial; todos sabemos a qué se hace referencia: la mónada expectante, o la singularidad sin complejos, el individuo, el escritor Genet, cómo se hace una famillia Genet sin familia teórica, o de base, jugando a entrometerse en los asuntos familiares, cuando ya estaba excluido de una vez por todas, le habían permitido asistir a la destrucción de sus compañeros, no adversarios. Con adversario Genet. Si Derrida añade la animadversión de la sociedad hacia él, o cierta rivalidad en la calle junto a él, o por parte de sus compañeros (sin duda, Sartre, que anuncia la venganza preparada del no ser con la dirección implacable hacia el no ser, su propia venganza, su propio delirio, sucumbe cualquier castillo de yuxtapuestos mahones de no-ser , o que el no-ser no puede organizarse, y menos localizarse; y que el ser, puede autoatacarse, de la misma forma, pero su rápida reconstrucción, atengámonos a esto, reconstrucción, soporta su propio modelo, que lo tiene, modélico, todos los santos y santas que aglutinan, forman cadenas, se aglutinan sobre la brecha que rompe el monumento, lo preservan, no lo dejan caer, así no sea más que un montón de piedras amontonadas, bases anchas) no lo sabemos, aparte de una trangresión textual. Una inmensa columna en la cual apoya sus espaldas el Genet de la cárcel, o mea el Genet criminal. Total que impone una ética. Una ética de ancha frente. Inteligencia, mordacidad. También por ambos lados. ¿Qué diferencia? ¿Qué dos guerras?

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