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jueves, 16 de abril de 2009

glándula, la voz compadecida y simiesca i

Lo que más me gusta es tranformar algo, lo que sea, en un objeto hormonal. A todos esos objetos que das tiempo a madurar: mayor característica la de reprenderse. Por tanto esos objetos que son gramófonos, especie de grafólogos, /se ocultan/ dejan de relucir, pero algo brilla porque quiere la materia metálica.

Las bestias luces que salen por doquier. Luz propia o luz extraña. Inequívocos. Luz propia los que dicen hablan, retóricamente, objetos que dan por significados todos los ángulos y volúmenes. Desgraciadamente no es manto gourmet luminoso plenamente de una sola fuente y hacia una sola dirección de Sollers, hermoseando por aquí y por allá, tocando notas rozando glándulas. No es de extrañar que cualquiera cosa bajo mínima presión chorree. No por animación digo yo sino por extrañación. Por eso, el goce de un idioma extranjero a medias. Vallejo en su arte castellano. Hasta ese punto que me da igual el ritmo y los enlaces. Una vida monumentalmente apacible no es nada en comparación a la más extranjera significación. Dejar de ser compañeros en comparación y alejarse del tierno claro de los blancos. Incrustarlo todo en el más ilógico de los negros. Pero he aquí que lo que enseña Hegel es la mixtura (y la miseria), apropiación, arrebato, (arrebato a muerto) (olor a muerto) (tierra de muerto) (sepultura para muerto)(pueblo castellano obligado circunstancialmente por calendario al muerto) (glas=arrebato a muerto, arrebato mortal, incidencia mortal del arrebato, arrebato pasional que incluye al muerto, imposición del muerto y arrebato hacia lo vivo, organización, disposición, dispositivo fecundar ante el muerto enfundado, enguantado, cubierto, asimilado históricamente para los tiempos futuros, carácter menstrual de la funeral muerte), lujuria en la combinación de las doce eternos inocentes. Hacerse un desayuno con la madre ausente (muerta por supuesta), y tú, a punto de morir, por supuesto. Extrañamente vital y mortal. Todos esos objetos que aherrojados al mundo para añadirles un botón (o dos): ¿acaso no les habían surgido mil mucho antes y de frío se introdujeron en los callos? Por esa electrónica dura daremos todos nuestros brazos (la manipulación ontológica de Heidegger para quien quiera usarla). Parecería sensualidad sin más sino fuera que hablan por los codos. Pasando de las manos a los codos, y luego a los hombres para asuntos extranjeros y hostiles: trabajando la piedra, desplazando la piedra, formando pilón, y luego columna. Y no hablan en realidad hasta que no apareció el perfecto narrador/apabullador. Eso es lo lógico: el apabulle. Por ejemplo, introducir en algo matinal algo epocal, tardío e histórico, algo que un presente presencial participativo de inmensa doble teta, doble pezón, doble pespunte para los maricones. (Los dobles maricones para tiempos de paz.) Sabemos que lo que no tiene grito, la unidad de aviso es la campana que azora muchísimas más glándulas que las postrimerías de un fin de novela. La glándula se define a un inmenso olivar. Aceite de su piel cariño, índice y pulgar casi para escribir la última voz del día. Derrida, también lo recupera por filtración, por acumulación anterior, revienta el corpus, el quiste, la glándula sebosa rebosa, el placer de la operación, como cierta cirugía sin la hipocresía del salvamento, o de la vida que está en juego. La vida de Jesús se acompaña primeramente de cuerpos dotados y vigorosos, con la velocidad de una sinfonía, a su destino una ovación cerrada y pletórica. No hay que olvidar que una orquesta es antes que ninguna otra cosa músculo y toda sacudida de la que Derrida ritma su Glas correcto. Así los timbales priorizan (no olvidemos tampoco la galera, y su nervio en el nuevo centro de la madera podrida). Jesús puede ser todo ello y reducido aún más si cabe a la tensión de un cuarteto de Xenakis. Y su expiración en la cruz (debida a los nervios, al mal trago) un vocinglero y bastorro llamamiento al padre si se quiere, sonoro sifonazo, bocinazo, chorro compadecido, gol marcado. Todo ello comprende el zoológico, los toros, los rejones, y los gritos fraternales sacerdotales junto a un vientre intenso calor, y el polvo a primera hora de la tarde, siempre bajo un olivo, resina y aceite. Pero lo importante en Hegel, más que ninguna otra cosa, en cuanto dice: la lucha (sudor y lágrimas, cuerpo y trinchera), es la realidad; mientras que la escritura es la antología resonante de una voz que se angustia por demasiado poco siempre. El llamamiento muerto de la resignación. En la voz que recompone los jirones. Por eso, en una determinada muerte debe especular un glas (el tañido a muertos) (contestas a la pregunta, ¿pero se te ha hecho la pregunta?). Y también a una mueca le sigue la resonancia mayúscula en muchos casos de la onomatopeya. ¿Usted cree que la mayor racionalidad es la ética en contra de la inflamación (inflación de la glándula; comprenderás su deflación, y su interrogación)? Porque para sobreponerse a la lucha sin cuartel hay que dominar los vientos. Primera vejación: el mal viento anal. Insoportable por su falta de sistema (poleas, aparejo, aparato mediador imbricado hasta la médula, arpa, sonoridad desmañada por las paredes del intestino, globales, cuadradas, laterales, torres, marfiles, estructura, fijación, alfiles, peones, toda la pedrería bucal, extensivamente, intensivamente). ¿Qué tiene el ano? Ahora mismo nos sometemos a todos los órganos del mundo, y a sus espacios estructurales (vestibulares, alveolares, salones, escaleras y dormitorios). Incluso el interior de un tonel. ¿Fenomenología de la voz? Para nada. Estamos ante el erguido monumento que posterioriza una batalla y un campo de cuerpos tullidos, rotos, despedazados, y esparcidos. Desgarrados. Muéstrese primero la habilidad de los seres humanos para despedazar y rejuntar, reunir y dialogar. Exactamente igual. Como todo cordial saludo es destazar. Cabrones carniceros (quasi diálogo moderno). Lógicamente saben que ello no es una piedra. Para aumentar la dosis de conciencia a lo largo y ancho y antes de toda absoluta monumentalidad (que viene escriturado, notariado, dialogado, transcrito, leído, novelado; pasados unos 20 a 30 años, más o menos), no granítica (prontamente erigida sin embargo embargando las pocas fuerzas que restan), era del todo necesario cortar en mil pedazos. No es de extrañar tampoco que los primeros cálices desbordaran tanta sangre (en las clínicas, en los hospitales, tales objetos están solidariamente compuestos a la manera de órganos extraídos, pensados, tallados, moldeados). Pensar la escultura médica. Pensar el fetichismo material de la tecnología quirúrgica. Pensar en algo más que los dones para la trepanación, la inmersión de equipos de rastreo en los centros del habla, por ejemplo. La sangre que embadurnó a Jesús tras su asunto. Él, no hacia mucho de esto (dejando descendencia), habría inventado otra forma de morir (tal vez por sobredosis, imposibilidad de un tal agenciamiento quirúrgico sobre el órgano propicio), sin menoscabar la lucha intrínseca, haciendo pasivo lo activo, o activando más si cabe la diplomacia, la idealización. Menos llamativa en el proceso de muerte. Todos aquellos que desparecen a manos del gobierno sin dejar rastro, en el nombre de Dios. Y en el nombre de la máquina literal. Casi que puede decir más y mejor por mor de las cosas dichas significadas. Sin dejar rastro que se convierte en un reguero de archivos medianamente bien escritos. A pequeños impulsos por la máquina de escribir. LA ÉTICA YA ESTÁ SORPRENDENTEMENTE ACUMULADA EN LA PUNTA DE LA LENGUA; lo que ocurre es que jamás se dice. Salía él a pasear, y dejaba por fin el afán palaciego y los jardines palaciegos, para sumergirse en la lucha encarnizada, que no le sobra pasión (los carteles más operativos, las revistas más institucionales, las economías más replausibles, en secreto, y escritas, ni una sola de ellas vociferada. Valga al parlamento decir en qué consiste la cacofonía vibrada de sus pechos). SUPERFORMULACIÓN. Círculo cerrado, aviso círculo cerrado, círculo perfecto, tranquilidad, mentes tranquilas puesto que no ha pasado nada. Ahora bien, si no domino pierdo los papeles, inmersión en una atmósfera totalmente extraña. Ahora bien, vosotros los jóvenes, dotados de toda modernidad: acceso a la noche, en el más profundo caos, sin reglas, sin opciones. Tanto más cuanto más lejos de las voces que escucháis marcadamente monarcas, soberanas. Voces que soportan malos tratos morales. Interpretáis que las voces son parecidas a la escritura. Exactamente lo mismo. No es interpretación, sino aprehensión. Toda la moral antigua del deseo, dominio absoluto de una ética absoluta en ciernes, en la escritura, primeramente. Pero cuando entráis en un texto irreconcilliable con las éticas al uso debéis sentiros humillados, desnudos. Es comprensible, os están analfabetizando: sólo comprendéis in abstracto la lonja publicitaria de la institución, y lo que ella bien paga.

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