Balbuceo y ritornello: el caso Cadiot. A partir de los años ochenta, la obra de Cadiot (compuesta actualmente por siete libros publicados por la editorial P.O.L (Nota : L’Art Poétic’ (1988), Roméo &Juliette I (1989), Futur, ancien, fugitif (1993), Le Colonel des Zouaves (1997), Retour définitif et durable de l’être aimé (2002), Fairy queen (2002)… Dos estudios estimulantes aparecidos sobre las últimas obras de Cadiot, en sendos artículos en la revista Critique nº 677, octubre 2003: el de J.Renaud, “El monólogo exterior de Olivier Cadiot” (763-775) y el de M. Alizart, “Las tres edades del sample” (776-784). También, J. Game, “Sobre la involución poética, o el devenir-renacuajo de Olivier Cadiot: del Retorno definitivo y duradero del ser amado”, Inventaire/Invention (www.inventaire-invention.com), junio 2003. P. 2-10.) tras haber publicado algunos opúsculos en una pequeña editorial que él mismo había co-fundado) ocupa un lugar singular y sólido en el campo de la literatura contemporánea en lengua francesa. Ha tenido influencia notable al mismo tiempo sobre autores más jóvenes que él (Christophe Tarkos, Manuel Joseph, Caroline Dubois, Nathaline Quintane…), y, lo que resulta más sorprendente, sobre autores mayores que él, y no pocos (Dominique Fourcade, Jacques Roubaud, Emmanuel Hocquard, Christian Prigent, Anne Portugal). El debate generacional tradicional se interrumpe, en Cadiot, reconociendo de tal modo la pertinencia de invenciones literarias aptas para sintetizar muchas de las apuestas estilísticas, temáticas, teóricas: Cadiot ha hecho posible, con total evidencia, materializar, más que un espíritu de la época (Zeitgeist), una corriente profunda de la vanguardia literaria francesa desde, por ejemplo, Denis Roche (Nota: En una entrevista, Cadiot sitúa al autor de los Mécrit y a su encuentro con la inadmisibilidad de la poesía como una referencia importante para su propia práctica, “Un terrain de foot”, entrevista con X.Person, Le Matricule des Anges nº 41, noviembre-diciembre 2002, dossier O. Cadiot, p- 14-23.). De manera esquemática, esta corriente es la de un materialismo literario muy pronunciado, en el cual la lengua, vuelta como un calcetín, se propone contemplar sus propias costuras, los hilos semánticos, sintácticos, lexicales, prosódicos, expuestos tal cual son: artefacto, y no naturaleza. De este programa (Nota: vigorosamente teorizado, entre otros, por C. Prigent en diversos ensayos, especialmente Ceux qui merdRent, Paris, P.O.L, 1991, y Une erreur de la nature, Paris, P.O.L, 1996.), Cadiot extrae todo tipo de consecuencias y opera una radicalización tanto más intensa como de referencias obligadas (sus primeros trabajos están fuertemente marcados por el signo Mallarmeano), incluyendo otras poco comunes y extranjeras (como el caso de Gertrude Stein), adquiriendo más valor así, por el camino de una alteridad sintáctica y semántica propia a una lengua que no es con la que él escribe (que no es su lengua materna), lo que pone en juego propiamente el materialismo literario.
En Futur, ancien, fugitif, Cadiot se encamina hacia una potente desestructuración de la narración, del estatus del narrador, pero también con respecto a la sintaxis y la semántica, de cuyo resultado, al nivel de los efectos de sentido, surge de manera notable una temporalidad inmanente, no-cronológica, en el seno de la cual la subjetividad y la identidad se revelan en perpetua autoproducción que desborda en el caso de la representación a un yo simplemente idealizado. El puesto que ocupa la subjetividad y la identidad, íntimamente vinculado al del lenguaje, falla sin remedio ante un constructivismo o un productivismo integral. Es a este vínculo al que me gustaría acceder estudiándolo aquí a través de las figuras de la repetición diferenciante, es decir, el balbuceo y el ritornello: ¿cómo se ponen en marcha las operaciones y la puesta a punto de tales operaciones en la escritura de Cadiot, y cuáles los efectos desde el punto de vista del pensamiento deleuziano del sentido?
Aparece en 1993, Futur, ancien, fugitif, el segundo libro de Cadiot publicado por la editorial P.O.L. A la vez más desarrollado que el primero de sus libros, L’Art poétic’, y en lo que a mí concierne, más rico con respecto a los libros que le siguen en descompensaciones lingüísticas así como de la desterritorialización constante que aplica tanto a la prosa como al verso. Ofrece desde este punto de vista un objeto mucho más fecundo para los posibles tratamientos de las modalidades de la repetición diferenciante deleuziana.
Futur, ancien, fugitif es una Robinsoniana paródica. A partir de una isla desierta en la que se encuentra atrapado, el narrador llamado Robinson se deja llevar por un discurso productivo y elaborado pero no menos oscuro de los acontecimientos de su vida en una incoherencia total, en el cual podemos concebir especialmente la parte en que aún siendo niño, antes del naufragio del Lawrence, Robinson, cuyo nombre verdadero es de hecho igualmente Lawrence, fue pensionado en un establecimiento para jóvenes violentos llamado *** que más tarde fue propiedad del Sr. y Sña. *** los cuales adoraban dar y asistir a recepciones. En el pensionado ***, Robinson se encontraba bajo la autoridad de un preceptor cruel, de nombre Félix, que tenía al joven muchacho por un cretino integral y lo sometía a inverosímiles sentencias hasta el punto de amenazar su salud mental. Todo esto lo sabemos a través del discurso y las acciones aparentemente esquizofrénicas de Robinson mientras se encuentra en la isla. Los únicos objetos que logra salvar del naufragio son unas cajas vacías, paquetes de correo no entregado, manuales de gramática. En la isla no ocurre nunca nada, propiamente hablando no existe la acción. La única cosa que está en juego explícito en el texto es el devenir del autor del monólogo esquizofrénico:
La primera vez que has pensado en esto. El sonido trepador del afuera EN QUÉ
TE VAS A CONVERTIR la isla de-los-grandes-pájaros la isla del sueño.
[…]
Recuerda el enorme calor del lugar donde por primera vez tú
EN QUÉ TE VAS A CONVERTIR recuérdate de caballo-movimiento
(Nota: O. Cadiot, Futur, ancien, fugitif, op. cit. p. 201.)
Los pecios del naufragio y la indeterminación de la isla desierta se unen para formar una impresión de fragmentación, una atmósfera de no-man’s-land/time contaminada por la vida pasada del cautivo sobre su roca camino de una desestructuración maximalista de su lengua – y de su yo. Al final del libro, como lo indica el título de la última parte: Zero-sum: Robinson, en un hospital psiquiátrico, paciente del Profesor Lawrence, pulveriza su identidad al tiempo que descubre que nada en su narración ha tenido lugar en la realidad, el libro es el monólogo esquizofrénico de su propia escritura.
La estructura general está organizada en cuatro partes – El naufragio, La isla, El retorno, Zero-sum – divididas a su vez en series de cortos capítulos apenas separados, titulados de manera irónicamente didáctica – Por qué cometo siempre errores, Las primeras palabras de Robinson, Recuerdos I, Paseo 428, Recuerdo muy antiguo I, etc – y escritos en pluralidad de estilos: epistolario, diario, calendario, listas, catálogos, sueños, traducciones, compendios, ejercicios de lectura, elocuciones poéticas, adivinanzas, recortes de libros escolares, imitaciones de novelas realistas, preferentemente. Una tal organización de sinopsis sin final desestabiliza la estructura cronológica del texto, de la intriga, de sus relaciones.
Desde Defoe o Tournier, Robinson es el mito de la productividad delirante. La temporalidad de su ser confinado en un espacio limitado se viene abajo rápidamente, vacía, llevada a la abstracción, incapaz como es de estructurarse en recuerdos o en proyectos, al menos hasta que la isla pueda ser objeto de una apropiación por parte del náufrago. Este síndrome es susceptible de propagarse más o menos rápido al lenguaje y a la identidad/subjetividad que pueden verse contaminados: la arbitraria materialidad del lenguaje – su estructura, su sentido, sus significaciones – únicamente puede asaltar por sorpresa al cautivo, en su estado privado de ocurrencias sociales concretas para hacer significar lo arbitrario del signo, en el sentido de acción concatenante, o de retomar la estabilidad.
Una relativa huida de su destino es o bien dilatar el tiempo por un movimiento ralentizado, y así extender la mismidad propia del perpetuo presente del cautivo en su isla; o bien, acelerar el tiempo, con el fin de ahondar en la mismidad como la cabeza del topo contra un muro o en el suelo, hasta que la diferencia, por pequeña que fuera, aparezca. En cada uno de los dos casos se trata de producir satisfactoriamente la diferencia en un océano de repetición con el propósito de des-territorializar el tiempo y el espacio y liberar al hombre cautivo de su prisión. En Futur, ancien, fugitif, la velocidad sintáctica y las descompensaciones semánticas hacen de la temporalidad lo que la isla desierta hace con el espacio dentro de la narración: lo indeterminan, lo des-estructuran en un lugar cualquiera, un lugar sin atributos. Está claro que semejante estrategia es ilusoria y artificial: la insularidad es una dimensión carente de exterior objetivo, temporal o espacial, hacia la cual estos dos movimientos, rapidez y ralentización, podrían dirigirse. Y sin embargo, todo lo que está en juego en este método consiste en producir la diferencia en un único medio inmerso en la repetición. Reducido a su simple estructura, Futur, ancien, fugitif es de hecho la historia de un plus de lenguaje que excede a la persona. Christian Prigent ha propuesto incluso que después de haber escrito una gramática fáctica en L’Art poétic’, Cadiot ha realizado de Futur, ancien, fugitif un tratado sobre un tiempo gramatical inédito: “lo fugitivo presente.” (Nota: C. Prigent, Une erreur de la nature, op. cit., p-160 : “Fugitivo sería el nombre del ‘presente’ en tanto que el presente fuese movimiento y cambio.” ) Pero entonces: ¿cómo conjugar el fugitivo presente? ¿Cómo el lenguaje puede representar una temporalidad no cronológica y conformar el yo no-figurativo, no-substancial de Robinson?
Antes que nada, un balbuceo crónico corre a través del libro y afecta, como lo sugería Deleuze a propósito de los poemas de Gherasim Luca, enteramente al lenguaje en lugar de la frase tomada como enunciado. Robinson es un tartamudo del lenguaje, incluso del idioma, y no sólo en el caso de palabras. (Nota: G. Deleuze et F. Guattari, Capitalisme et schizophrénie. Mille plateaux, Paris, Minuit, 1980, p. 133 : “Es en la propia lengua que se es bilingüe o multilingüe.”; y también Critique et clinique, Paris, Minuit, 1993, p. 135 : “No es el personaje simplemente el que tartamudea a cada palabra, es el escritor el que se vuelve tartamudo en su idioma: balbucea la lengua en tanto que tal. Un lenguaje afectivo, intensivo, y no la afección de quien lo habla.”) Dicho de otra forma, tartamudea la sintaxis y no únicamente el nombre, tartamudea el segmento, tartamudo de la conjunción de la coordinación, más bien tartamudea la función del operador antes que simples sílabas y fonemas. Poderosa evasión: a la vez imprevisible en sus ocurrencias concretas y dando sentido a posteriori, simultáneamente pura acción y pura reacción a un síndrome que acecha (a saber, el riesgo a la locura asociada a la insularidad radical), el tartamudeo es una muy fuerte des-territorialización convertida en necesaria tras las tentativas tiránicas de re-territorialización perpetradas en contra de Robinson por el Sr. y Sña. *** , Félix, y la isla misma, la parte maléfica del devenir-isla (Nota: Ver lo que Deleuze dice al respecto en su texto sobre el Robinson de M. Tournier retomado en Logique du sens.):
las palabras que empleas – dice Félix – […] se dividen en dos grandes categorías: uno, las que sirven para ceñirse lo más exactamente posible a una realidad cuya verdad puede ser compartida por la gran mayoría […] y dos, los otras palabras al servicio de lo arbitrario de uno solo y esto esto no es so-por-table [aúlla] y métete esto en tu pequeña cabeza de pájaro. Es molesto tener una cabeza como la tuya, te van a decapitar al amigo, por buen gusto. Tu madre – la pobre – se me ha confesado por la preocupación que sentía hacia ti.
(Nota: O. Cadiot, Futur, ancien, fugitif, op. cit. p. 79.)
Ahora bien, en lugar de un dispositivo que sirva para incorporarse en la lengua ajena, el tartamudeo se mediatiza para extraer uno (o dos) lengua (s) idiosincrásicas de su propia lengua materna: “no mezcla una lengua extranjera a su propio idioma, sino que esculpe en su propio idioma una lengua extranjera que no preexistía.” (Nota: G. Deleuze, Critique et clinique, op. cit., p. 138. Ver también Mille Plateaux, op. cit. p. 123-127.) Esta lengua extranjera en la lengua materna es una pura afección sin otro sujeto afectado que la lengua misma: el lenguaje entero se encuentra modificado, en sus dimensiones diacrónica y sincrónica al igual que sus dos ejes sintácticos: la determinación semántica y el orden gramatical de las palabras y los sintagmas. En Critique et Clinique, Deleuze recuerda la función clásica de tal estructura:
La lengua está sometida a un doble proceso, el proceso de las selecciones que han de hacerse y el proceso de las series que han de establecerse: la disyunción o la selección de los semejantes, la conexión o consecución de los combinables. En tanto que la lengua está considerada como un sistema en equilibrio, las disyunciones son necesariamente exclusivas (no se dice al mismo tiempo “pasión”, “ración”, “nación”, hemos de elegir) y las conexiones, progresivas (no se combina una palabra con sus elementos, en una especie de superposición o un delante-atrás). (Nota: G. Deleuze, Critique et clinique, op. cit., p. 138. Y. Abrioux reprocha a Deleuze de hacer de su concepto de balbuceo un uso parcelario, y parcial, de las teorías de la variabilidad que obran en el lenguaje, “obsesionado” por destruir el yo y “el estremecimiento por una sola ‘lengua’”: “Bégaiment et monochrome: le paramétrage d’un système complexe”, Deleuze-Chantier, Théorie, Littérature, Enseignement nº 17, 1999, p. 51-72.)
En Futur, ancien, fugitif, bajo el efecto de la insularidad, este doble equilibrio se pulveriza. Al nivel semántico primero, un violento balbuceo tiene lugar en la orilla del texto en una secuencia titulada: “Las primeras palabras de Robinson”, mientras que el lenguaje de éste se despierta ante la proliferación esquizofrénica de la insularidad:
Premier jour.
grune greil grace grob gran grette gri gro gren grad grouet gra gré grel greuil gru gre groi gron grec gremme graf groin grai grip grage grav gryeu grien graise grin grou greu
Deuxième jour.
Va ta sa rapanama lajafadaba pi vi mi dizirilibiti
Tu nu lu rufubu vusupumujudu
Vo ro jo botopolodo
Délépétébé féméré vénéréjésé
Troisième jour.
Mouche matin mariage
Boui-lli pai-lle cha-tou illait
Ju-re bi-jou en-jo-li-ver
Cru-di-té cro-quer du crin
Créature cri-tique
Dé-voi-ler da-van-tage de gré
Grignoté gra-vi-té en-glou-ti-ra
Quatrième jour.
1. Impossibilité de marcher et de se tenir debout […]
(Nota : O. Cadiot, Futur, ancien, fugitif, op. cit. p.20.)
En la “descripción” del “primer día” diversas palabras comparten el mismo primer fonema – “gr”– las cuales no han sido seleccionadas o desconectadas sino reunidas sin orden aparente. Contrariamente a lo que pasa en una sintaxis normal las disyunciones no son exclusivas: el enunciado de Robinson enumera “grace”, “grin”, “grec” simultáneamente, sin escoger entre diferentes palabras posibles. El balbuceo no consiste aquí en la repetición de un solo y único fonema, sino en la repetición de un fonema al cual se le añade otro fonema siempre diferente: proliferación. El efecto que produce la adjunción de la serie de sufijos, la serialización de los sufijos en el fonema fijo “gr”, el efecto es el de la metamorfosis: un cambio desde el interior de la palabra que se opone al cambio que resultaría de la modificación organizada desde el exterior por el orden sintáctico de una frase o de un sintagma. El orden de las adjunciones parece tan contingente como el movimiento de la mandíbula o de la boca: “gran grette gri gro gren grand grouet gra gré grel greuil gru gre groi gron grec gremme.”
Pero el efecto de esta serialización semántica es el de introducir la sintaxis en el interior de la palabra que de esta manera morfosea: el orden productor de sentido ya no es exterior a sus elementos, que preexistirían como pura entidad conceptual. Al contrario: este orden es él mismo el producto de una configuración contingente de sus elementos: el todo (es decir, el sentido como producto de una lectura, el texto como productor de su propio régimen de legibilidad) es re-producido por las partes como si fuera siempre la primera vez. (Nota: Cf. G.Deleuze, Critique et clinique, op. cit. p. 141: “En lugar de una sintaxis formal o superficial que evalúe los equilibrios de la lengua, una sintaxis en devenir, una creación de sintaxis que hace nacer la lengua extranjera en la lengua, una gramática del desequilibrio.”) El elemento repetido – “gr” – conecta las diferencias; es decir, puestas en contacto de modo que éstas no acaben subsumidas bajo una unidad facticia. Esta concepción no-subsumante revela e intensifica una pura diferencia en sí hasta el punto de hacer de ella el único sujeto del texto. (Nota: J-J. Lecercle, “Bégayer la langue, Stammering language”, L’Esprit créateur, 38 : 4, hiver 1998, p. 109-123.)
La frase de Cadiot, en efecto, no muestra nada: no es un proceso en marcha de frase en frase, de sintagma a sintagma, para construir una coherencia. Se desvía de este paradigma razonable y saca provecho de la memoria a favor de un paradigma esquizofrénico el cual prolifera sin propósito aparente, lo que no quiere decir que sea absurdo. Está claro que el pasaje arriba mencionado no posee sentido evidente o estable en cuanto que las palabras producidas por el balbuceo son cada vez completamente nuevas, sin precedente: no tienen significado de modo que el significante no tiene referente o no posee significado inmediato. Pero la significación no es el sentido: es la relación entre significados conocidos mientras que el sentido es un efecto, una expresión, es decir, un devenir. Así el sentido del pasaje alcanza antes al movimiento que al significado o al referente. Este movimiento es el de una vibración, de una proliferación, un entre-dos: su sentido es el de intentar salir fuera del lenguaje puramente social. Las palabras de Robinson forman un movimiento propio en estado de variación continua. En términos de Deleuze:
he aquí que, lejos del equilibrio, las disyunciones devienen inclusas, inclusivas, y las conexiones reflexivas siguen un recorrido sinuoso que corresponde únicamente al proceso de la lengua y ya no al curso de las palabras. Pero cada palabra se divide en sí-misma […] y se combina consigo misma [….] Como si la lengua toda ella se pusiera a girar, de derecha a izquierda, y a cabecear de atrás hacia adelante: los dos balbuceos.
𡺓𡺔𡺕𡺖𡺗𡺘𡺙𡺚𡺛𡺜𡺝𡺞𡺟𡺠𡺡𡺢𡺣𡺤𡺥𡺦𡺧𡺨𡺩𡺪𡺫𡺬𡺭𡻒𡻓𡻔𡻖𡻗𡻘𡻘𡻙𡻚𡻛𡻜𡻝
miércoles, 13 de enero de 2010
Como una especie de lengua extranjera (artículo de Jerôme Game, y traducción de Rubén Polo), continuación: el balbuceo, 1
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