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jueves, 21 de enero de 2010

Sólo hay dos salidas, dos veces dos, dos dualidades.

En contra o de frente. Correr hacia él o dándole la espalda. Dualidad, dos oponentes, señor o esclavo, lector o escritor, poseso, cuerdo, enfermo, sano. No es ninguna novedad. Pero cuando se tiene el propósito precisamente de crear sobre un monismo heterogéneo, sin contradicciones, plural, pero sin cargar las tintas sobre un medio mundo odioso: crear, digo, no crear.

Hay dos maneras de citar: a las claras, o comprometiéndose como si fuera un diálogo a primera hora de la mañana, desayunando, por ejemplo: aunque sólo sea una la que en realidad aporte la mayor enjundia (¿qué significa enjundia en una conversación, por ejemplo, inocente?
Pero me refiero...
A veces tengo la impresión de que concluir lo emprendido se ha convertido en una especie de fin en sí mismo. Pienso en los objetivos con los que empecé, en la confianza con la que quería hacer algo verdadero. Mientras lo hacía, el mundo se fue cargando de una destrucción mil veces mayor. Es una destrucción contenida, ¿pero cuál es la diferencia? ¿Y qué es esta obsesión que me impulsa a atacar cualquier destrucción, como si me hubieran nombrado protector del mundo? ¿Qué soy yo mismo, un ser indefenso al que se le van muriendo, una tras otra, las personas más cercanas, un ser que ni siquiere puede mantener con vida aquello que más le pertenece? ¡Un naufrgagio por todos lados y un grito lastimero!
¿A quién le soy útil? ¿A quién sirvo con este empecinamiento inquebrantable?
No ha quedado nada, salvo este empecinamiento. Las personas nuevas se alejan escurriéndose de mi lado, las palabras y conversaciones nuevas se me escapan, el pasado aún sigue vivo. ¿Cuándo lo atacará también la destrucción? No quedará nada y, no obstante, yo continuaré en pie, y gritaré a voz en cuello: ¡No!
Apuntes I: Elias Canetti (pág.280-281)
1. Destructor del mundo.
2. Las personas más cercanas.
3. Hacer algo verdadero y empecinarse en ello.
4. Empecinamiento justifica empecinamiento.
5. ¿A quién le soy útil?
6. Es justo que haya algo o alguien más allá de nuestro propio naufragio.
7. Naufragio: anteriormente, TODO ES MEJOR QUE EL 'YO', PERO ¿DÓNDE PONERLO?
Un poeta del siglo XXI, a la sazón, de cuyo nombre no nombro, dijo que las épocas tienen a sus propios amargados. Es una raza, un colectivo. Pero no dijo que las épocas también poseía a sus 'contentos'. Es una raza, es una legión.
Ciertos escritores se imponen al menos una obra sobre un naufragio. Serán o no serán escritores importantes, pero lo hacen. Lo hacen debido a una condición improbable para el solitario entre la multitud: la soledad obligada. Lo otro es soledad amenazada, terrible, desesperanzada, melancólica, por abandono...
Yo me quedaría con la amenazada. Entonces disfruto con los operativos de destrucción natural; disfruto con los grandes cataclismos. ¿Disfruto con ellos?: bueno, en realidad me gustaría que dispusieran de rifle. Muerte más lenta, más intercalada, por la reflexión tal vez.
Juego a las cosas buenas y a las cosas malas: escritor, yoga, desprecio, asesino, mayorista, oncólogo, dibujante, justicia, cataclismo, catarsis. ¡Supertest de inteligencia! Y juego a ellas justamente como con las pelotitas, ruedan y ruedan como si fueran buscando un pie.
¿A quiénes abandonamos en realidad? Si queremos ser náufragos, desde luego a todo el mundo.
Estos escritores que analizan el tema de la soledad, su chasquido resonante, son los más improbables observadores de lo que en realidad les ocurre a estos sujetos.
Estos sujetos tampoco es que se vuelvan escritores.
¿Habladores, quizás?
Entonces, tampoco están solos.
Sólo hay una manera de mantener viva la esperanza: manteniendo vivos a los hombres. Mi tema no es la juventud pero creo que tienen puestas todas sus esperanzas en el simple hecho de estar pegados unos a otros sin más.
El gran negocio de los siglos venideros: los pegapersonas.
Se sigue creyendo habitualmente en el espíritu por fuerza, a causa de las ansías de comunicación. Pero no se han invertido aún los términos. El pegapersonas ha de hacerse primero materia prima. Existen, cierto, intentos.
Las palabras 'han pegado' a los hombres: es lo que tenemos más a mano, incluso creemos que es una cosa propia y fundamentalmente humana. Incluso un idioma hoy no necesita mucho para estar a disposición de todo el mundo.
Fundamentalmente humano es la palabra. Pero, ¿y todos los demás sonidos¿ ¿Acaso nos hemos olvidado que fundamentalmente humano es el sonido?
Para ser cualquier otra cosa es necesario haber pasado por la humanidad. Desde luego no por el hombre solitario. Éste sólo está a la vista si quiere.
Entre un hombre solidario y un hombre solitario existen las mayores diferencias. Pero los nombres ¿quiénes los crean? Entre un hombre y un nombre existen diferencias mínimas.
Un hombre solidario y un hombre solitario son cosas compatibles, pero nunca es el caso. Es curioso.
Un texto está a la vista si quiere. No hay lector más inherente al texto que aquél que no solidariza lectura y texto. Para funcionar necesita de un texto solitario, al que sabe perdido, oculto, abandonado, náufrago. El que escribe lo ve y no lo ve. Ahora sí, ahora no.
Y para escribir hay que ser un náufrago que tenga al menos un observador.
No hay nada incompatible en el hecho de que dos personas naufraguen en la misma isla y a partir de ahí no vuelvan nunca más a dirigirse la palabra.
¿Habéis matado alguna vez a dos moscas simultáneamente porque estaban graciosamente copulando en vuelo? ¿Entonces a qué viene decir que un cierto escritor vienés dijera, una y otra vez, esto y aquello del sexo, que esto y aquello del sexo?
Es mejor generalizar que particularizar. La opinión general es contraria.
Ocurre tanto como no ocurre nada. En lo humano ocurre siempre de todo.
Es mejor decir que la humanidad es una mierda que decir que fulanito es un hijo de puta.
Mi mujer dice: estoy hasta las pelotas de todos, refiriéndose exclusivamente a mí. Ella entonces me contesta: lo entiendes así porque quieres.
Me gustaría que alguna vez mi mujer dijera convencida que está hasta las pelotas de mí, exclusivamente por culpa de los demás. Yo la respondería: lo entiendes así porque Dios lo ha querido.
Si hubiese una buena novela que leer éste sería su principal atractivo: resucitar al muerto que nunca has nacido.
No hay apóstatas, sino gran arquitectura.

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