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domingo, 1 de agosto de 2010

Diferencia y repetición

A Sonia García Piqué.

Una moza del pueblo, en donde vivo, de formas generales agradables pero con algo nervioso también de carácter general… me preguntó un día sobre diferencia y repetición (pretendía que yo lo sabía), conceptos que hicieron tan importante y conocida cierta escuela francesa de filosofía (claro siempre refiriéndose al ámbito más puramente general y abstracto). Me costó esfuerzo reaccionar (pero lo hice a mi favor).
Mi esposa tuvo una infancia poco envidiable como otros tantos infantes del mundo entero: la pobreza, la hambruna y la exageración del día a día, es decir, de la idea. Humanamente es casi imposible no tener una infancia desgraciada y a pesar de ello muchos adultos son eternamente felices (papás eternos) o felizas (mamás felinas). Mi esposa, qué agradable palabra para fontaneros o ingenieros agropecuarios, para los alertas que piden aclaración a sus facturas, banqueros maduritos, y cualquier otro tipo de mecánica oficinista; palabra comprensible: mi esposa es mi esposa. Y el marido no es ajeno a esta perspectiva. Mi esposa tuvo ese encuentro especial con la infancia como obra inacabada. ¡No! Al contrario. Casi todos ocupamos una actitud muy acabadita. El completo. Pero bueno, le dije a la moza, ¡empecemos la discusión! No es momento de interrumpir toda la mañana y todos los ciclos del trabajo; quiero aclararte rapidito y con todo el respeto las dudas que me ofreces sonrojada y mofletona. ¡Sal de aquí chuchaino!
Porque movida en el vaivén más caprichoso, y sus regiones son el azar y el espacio a tumba abierta, inacabable (el de las calles), de aquí para allá, en los divorcios a cada minuto de sus papás, quejas, marginaciones, hipocresías, y abultadas contradicciones que no eran más que el resultado de una mala comprensión, de un mal bolsillo, la muy hija de… se había convencido de la universalidad de tales premisas materiales; la fuga en cuarteto (madre, hija, hijo, hijo), la expectativa de la mejora en todo orden bajo el ardid que la materna disipación maternal ya no era nodriza sino posada cerebral. Todo un momento de despropósitos, de desvelos, de aquí para allá, siempre, escapando, de aquí para allá; sabiendo que Aquí todos les dan la espalda (paquete demasiado opulento de malas siembras), Allí les llaman desgraciados y omiten la sangre… Y otra más, y otra más, por lo que el paquete medio envuelto, compacto, y bajo una corazonada de albur amanecer en sociedad, amén de las idas y venidas otra vez, extinguía las esperanzas del porvenir.
Volveremos a empezar porque la joven moza se inquieta y frunce cejas y labio. Sabido es que la madre, tornasolada, de antigua tradición desarraigada, no veía en la familia nada más que un impedimento. Eso quiere decir que todos hemos sufrido la inquietud intelectual y la sed de libertad que a través de ella nos libera de los Archirrepetidos (Arquetipos). Creo que en un momento de la vida, hija mía, le dije a la moza, nadie quiere ser padre ni madre, simplemente; ni tampoco nadie quiere tener hijos y hojos. Sinequanon de las circunstancias es no complacernos. A nosotros vástagos inútiles de la educación.
Pero el matrimonio no es compasión. Si se produce se reproduce. Si se reproduce engendra. Si engendra aniquila. Si aniquila libera. ¿Ves cómo se abren todos los caminos y se ramifican cual árbol, y parece no acabar? Pero la vida no es un árbol, alma noble. Y nada se abre en ti, sino el fangal de donde saliste y las cuerdas que atesoraron los que de él quisieron salir (y esa cuerda la veo yo en tus manos, la veo proseguir cual serpiente su camino y nada más que camino). La vida no es una cueva en cuyo interior sombrío las primeras pinturas rupestres ofrecen inexorablemente como primera pulsión la tensión espiritual y los valederos inicios del arte futuro implicados, imbricados, y resueltos en su categoría de modernidad (la modernidad de Picasso, el hombre que quiso volver a la cueva, y me reí). Como espectadores no somos nada. Te diré aquellos personajes no son nada sino su impronta. Y el niño es un individuo poroso pero nada más. El individuo es niño y nada más.
Me costó esfuerzo reaccionar y supongo que el esfuerzo fueron palabras de más. Nadie acabado de levantar, con la fatiga del sueño en los talones, puede obrar metafóricamente, diplomáticamente, políticamente. ¡Aléjate de mí yema, verde, fruto, cobaya, rico pájaro, langosta! Pero la moza seguía en su cabal y me miraba con una atención abrumadora: ¿qué es diferencia y repetición? Niña de pelo ralo, morena y sin afeitar. ¿Qué es diferencia y repetición?
¿Cuánto tiempo no habría yo pasado en mi casa de piedra junto a otras casas de piedra para que mi semblante no fuera el de anacoreta disipador de dudas? Yo desde mi ventana veía vacas, ovejas y cordura. Y a la inversa: ¿No veían a través de mi ventana excesivos libros de absurdo acumulo y un loco tímidamente en calzoncillos? De volver a la vida civil quería escribir. En sucia pesquisa mi mujer se amparó y por querer ver mi angosto interior fue atribulada de males insospechados. Pero no femeninos, advierto. Ella invitaba a la diferencia, y yo a la repetición de la repetición. ¿Oh, por qué me veo envuelto en el fácil disimulo del discurso clásico, ponderado y mesurado, como los pasos de un atleta que por obra de proteína ya ve la meta? ¡Presiente la meta! ¡La dilucida con dulzura! ¡La saborea con agonía y metamorfosis: el héroe anticipador! ¿Y qué es lo que usted ve cuando mira el reloj? Nada. Dos iconos rusos transformados en palillos chinos. Bien. Aplaudí.
El chucho cerca de nosotros depositó sus ornamentos. Pequeño sacrificio éste. Le dije, y le dije que estudiara el caso más de cerca, eco, lingüísticamente como un linfoma muy deformado, gramaticalmente como si dijéramos dramaticalmente. Deplorable asunto, vaya. Sí. Efectivamente, pero ya en este mundo nadie es Edecán. (Las palabras no auxilian y el consuelo proviene de tantas insoportables y necias costumbres.)
De por qué cuento lo que cuento, eso dicen sus ojos verdes que no cesan de mirarme. Mira, me cuesta trabajo reaccionar… sólo iba a comprar pan… pero acordándome de acontecimientos y circunstancias en mi vida reciente, y como estoy triste y añoro no sé qué, algo te contestaré. ¿Cuál es tu pregunta? ¿Qué es diferencia y repetición? No es una endiablada monserga para excusar, como tantos dicen, los acontecimientos del mayo del 92. Que eso fueron olimpiadas y nada más. ¿69? Casi. Libres médulas. Verás rosa niña, corderita de las montañas, el caso es que te contaré algo de espeluzno y quiebra moral. ¡No puedo combinar la descripción blanca purpúrea de una boda amañada con la falsedad de un surco en alta mar! Si terile es así porque las profundas mesetas del fondo son mansas es decir los cerros del interior oceánico no adulan el pomposo trasero de las negras, y en ciernes, masas continentales (pero esta información me la acabo de inventar, no te asustes). Exagero. Me envicio. Espérate. Mi mujer me dejó. No por otro hombre, sino por una vida mejor. Y no me dejó, sino que yo la espero. Y no la espero sino que yo leo. Y yo leo como vil niño puesto que no he crecido ni un gramo. Y soy el niño aquél aunque gordo me veas, con canas en las barbas y pinta de loco huraño. Mi intención, chiquilla, no es hacer rima, y cada vez que ésta se produce me dejo llevar por la estulticia de la operación deleuziana, en el caso, y como él dice, que una fuerza que tiene un centro se disipa en el animal con inimitable devoción espiritual. Y cuando esto sucede otro órgano, como tratando de superarse a sí mismo (cosa insólita porque no se conoce) arremete, domina, y somete. ¿Entiendes qué es la diferencia? Pues nada, gracias, y con Dios.
La unigénita corderita ya me estaba provocando con sus largas coordenadas de carne vacilante. Pensando que el perro se llamaba estulticia y que los ornamentos en deposición (como si dijéramos en depósito bancario y numerario) querían proponer sin duda una voz-funciona del órgano o ¿me agarro con la mano el muslo y finjo la cojera de agosto? Ahí tienes: el fantasma, la diferencia, nena. Y ella: ¿Y la repetición? Indudablemente van cogidas: me espetó.
Vuelvo. Rabioso. Más que el perro. Me tranquilizo. Soy un obsceno. Comprendo. Soy despreciable en mi ser. ¿Desprecio mi ser? No, no. Vamos a enfocar el tema por los motivos de ser, y luego la defecada indiferencia de la diferencia por la inveterada y de mucha raigambre rrrrepetición (Dalí) de la autóctona mediatización, pues como una paralela (imposible en el medio ambiente), de la repetición funcional y universal. Añadamos a esto unos cuantos vectores y la suma y el saco serán completos. ¡Meditazión de la repetición funcional y etc.! No, no… lo he dicho bien, creo. ¡Desahógate crepúsculo! ¡Ya vengo, ya! Estertores porque el tío se pasea atravesado por una lanza como Amfortas. ¿Presumes de civilización? ¡Sí! ¿Por qué? Porque la veo más acertada que la pródiga ramita de olivo. Acendrada de color ceniza la ramita de olivo en el ojal del viejo del képi francés que sedujo a Genet, Artaud y al Padre Madre y a los hijos de puta subDeleuzianos. Y así hasta que la inspiración y la vanidad se disipen, y sólo se encuentren los restos carbonizados de un orgullo individual postcristiano (definido orgullo en la cristiandad escolástica casi el petróleo y casi toda la energía centroeuropea que se necesitó para los cismas del alto catolicismo) intolerable: de ahí las andanzas a pie cambiado de Salomón en el Eclesiastés. En la actualidad, nenita, son bomberos, pero en otros tiempos presidían interesados autos de fe; como tal la bandera del inquisidor egoísta de cuanto contiene el mar. Ya no hago rimas, ¿ves? (Y a ella la veo moldear con los pies un genital masculino: inevitable humanidad del humanitarismo y el encontronazo por golpeo sistemático en las noches cerradas y apocalípticas, entre encierros ravalescos y cervezas a cuatro duros. Creo que estará orgullosa de mí. Me dije para mis adentros. Pobre ciervo…) ¡Esa cría de ironía que ella ve avanzar! La indelicada insignificancia del mayorcito cónyuge.
Como viera aplazar lo del pan… ¡Bueno, por Dios, qué quieres que te diga! Me veo comiendo ojos el resto de mi vida. ¿Entendiste? El pan me lo como pero apenas lo bendigo. Yo veo su tibia mirada como la humedad del cáliz apenas abandonada la cena. Y en lo tibio hay turbio como el vino es aguado. Mira: la componenda de la cuadratura del círculo en vistas a una ampliación de la cocina, souflés y monerías, un frigorífico que se ha de subir procurando que adopte una dieta severa, la cama se nos presentó arisca y hubo de tirar dos tabiques. ¡Pues qué! ¿Aún así es ironía? ¿Es cálculo? Nada de eso. Y prosigo. Era simplemente una alarma. Un montón de sucia cama y el ajedrez persiguiéndonos.
1. Verás rosa nena, la variedad de formas… te contaré esto que no ha mucho me ha sucedido. Me parece buen ejemplo… Ilustrar con el ejemplo la repetición no precipitada sobre el primer ancestro… Déjame mi desahogo… (Pues es cosa agradable la Ilustración y la Ahogación.)
2. Mi anterior esposa pues de ella me divorcié, separé y catapulté (mis restos y guardaré mi compañerismo espúreo)… [tuvo la más desgraciada de las vidas familiares (¡cuenta lo que sepas – voy, voy…) – interés de epilepsia…]
3. Pues verás angelín, ella lo repite todo conmigo, en su momento, y bajo la perspectiva del centro fugado (ver más arriba)… Y entonces la nena que parecía algo bizquear me pregunta ya con los ojos ya con otras cosas: ¡he ahí la repetición! ¿Y la diferencia?
4. La diferencia fui yo y no ellos: la estirpe de la catatonia…
5. Me quedo con que el mono Giuseppe es felice…
En la extraña noche de los tiempos, cuando los búhos interceden coherentemente a la luna por nosotros, un hombre y una mujer únicos, últimos ya en su especie, se manifestarán el más conmovedor amor que toda todita la raza humana a través de los siglos les haya podido comunicar: ora con artefactos inverosímiles ora con mitologías y ciencias indescriptibles. Pero cuando ya despunte la clara y rociera mañana con los festines de su vegetar, transitar animales de fea factura pero bella complejidad, y los movimientos del animal eran todo el hecho, ya entonces, ambos enamorados se habrán dado la espalda en clara postura ofendida y aborrecidos (el clamor de los siglos en la oscura repatriación cerebral). Un león que pasaba por allí dijo que estaban durmiendo uno contra el otro del esfuerzo nocturno. ¿Pero qué esfuerzo es ése?
Epiloguillo
¿Cómo hacemos para contar una historia, la misma, sin que dé la sensación de ser la misma historia de siempre?
Yo, el guionista de televisión
¿Cómo es posible que yo entonces tenga una razón de ser si soy la pura diferencia de lo “vivido” tanto porque los grandes compromisos me agotan como las mínimas condiciones me extinguen…; de, de… todo eso y más hablaremos más adelante?

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