Imaginemos por un instante (un instante tonto, cuyo desenlace y misión es sorprendernos, cuando sabemos que en su corta duración nunca estamos allí) que a raíz de tres novelas publicadas (y son importantes puesto que han sido leídas), ejem… cuya gramática palpita… todavía, y no de manera continua… fantasía que no se paga… ¿Y envueltos en premios y regalos?… cuya mitología es el injerto de cabello más largo… y menos propicio. De esas tardanzas de flequillo y cola. Las espumosas patillas de los siglos pasados (De rasurado y sonrojo mentón). Que ese día me llamaran a casa (no los locos desaprensivos de un barrio lejano o las orejas del lobo que enhiestas exageran los delirios de mis dudas): os propongo el lujo de ofrecer sextas conferencias en las sextantes academias constelaciones y festivas. Como un trato y el dispendio de algunos ricachones que a la manera de Zubiri desean disertaciones sobre el espacio, el tiempo, y la naturaleza (es decir, desearían agua sobre el viejo roble y fortarecias manos de bonachón y sentimental; todos estos puntos agregados en último a posteriori casi a la posterioridad y a la manipulación del a fortiori mayúsculo sobre sus serenas nalgas: ellas de porcelana, con botas italianas). No te hagas el encontradizo con la literatura. Es un mundo y algo gira. En la actualidad, veamos… 16 X 16: está pero que muy bien, 200, sí… ¿quieres más? Y en la variedad de individuos están los gustos todos puestos, como merienda…Un alma inocente, un ama de casa indolente, sobrepulimentando el gran pizarrón como quien se prepara para unas olimpiadas o hace ejercicios y tirones de golf. Matemáticas han visto crecer. Pero yo mismo me he encargado. ¡Que sí, que sí, que sí… todo para ti! Alma de gallo. ¿Quiénes son esos interiores huecos que necesitan nucleones de lógica ramplona? En cuanto a la factura más bella… ésas que no se pagan… que son tan extremadamente caras… y ni los bueyes sobre sus patas. Éste planta una columna y la ve crecer. Son los nuevos simones del desierto. Echan el almohadón en la piedra más lisa… Yo siempre lo he dicho: ¿y esa loza pulida pa’qué? El santo noble hecho papilla sale de casa con aficiones y gestos literarios (todo eso no es muy fácil de quitar como el aguardentoso polvo ¿hacia quién? cae la nieve en el solitario y mole en sí Kilimanjaro-tropezando sobre los aldeanos y haciéndoles puré el mojaculos estrictamente colateral surcando millones de cópulas de superdoloroso y fino chorrillo de oro y pequeño pis de postmatinal ensueño). La muy perra me había mostrado en su gabinete de lujo la muy hija de puta un asombroso y múltiple cachondeo de zapatos y botas a través y danzando aunque en realidad, ahora lo sé (y sé que estoy enamorado de ese mismo instante); estirado pasmado aderazado con una pequeña blusa larga hasta los tobillos como los de peluquería mientras ella de través igual vestimenta griega y helenificando un baile cadencioso del cual no tenía noticias – telediario de las nueve en la sempiterna ausencia del mundo – enseña un magnífico pecho y un botón delicioso para el hombre. Cosa normal para las psicologías a partir de las cuales nos han hecho pagar casi siempre multas y facturas. Pero en fin, y con el mayor respeto posible, los epígonos pueden ser como les dé la real gana: fenómenos, genios, talentosos, portentos, o simplemente envidiosos. ¿Cuáles rubios y cuáles morenos? ¿Cuáles coherentes o cuáles adolecen la debilidad de la escuela? ¿Y por qué no un trayecto o trayectoria de « emocionada » ingenuidad? Y ésos son los altos y aquéllos los bajos. Bien que se podrían quitar los acentos al igual que habíamos quitados, nosotros los pobladores, desde el principio las sábanas; una por maniquí, dos por sillón y tres por amplio sofá, cuatro plazas, elegantes, ignífugo, y rechazagotas de cualquier tipo, menos mojón perruno cuya fórmula se escribe así: - 2x (yn) de eyaculación precoz. Niño que visto así le pasaron buena revista en el colegio de alto standing porque de buenas a primera escribió la tercera parte del Quijote maculado sin haber leído las dos primeras partes; ni haber oído nada de algo parecido al efecto que sobre la población tiene la imprevista lectura (aunque no su compraventa). Gracioso, ¿verdad? Perder el resuello. Menos ciclismo y más motociclismo. Una por la abuelita y otra por mamá. Al tragarse la primera cuchara le propusieron algo así como faquir pero el niño en sí mismo confundiendo las cosas tomó la cuchara por cucaracha y empleó cuanto tenía a mano (en este caso a pie o a dedo hacia Alemania, por favor, Heidelberg) para dedicarse formalmente al baile y su formación; lo que salió de buen bien, escribiendo el primer libro sobre danza libre atematizado aritmiakôn de corazón. No hay otra pasión en las nubes que ocultar el primer engaño (abuelita y mamacita): el preengaño y la preciencia universal particular. Una verdadera denegación (verleugnen) del crimen (su casual placer), de la culpabilidad (y mojón subsidiario Km. 309), y el fatal desenlace de tasación des moeurs; así la cruel disposición de ánimo que nos queda cuando atemorizamos civilmente a lo que llaman en un rasero poco común la gente fehaciente callejuna. Me encuentro eunucamente fatal como más que castrado vilmente sentado sobre la ponderación. Cual café de la mañana… me planto a bocajarro delante de la profesora camarera diurna de pelo semirojizo. Y ya desde muy temprano advierto lo muy nerviosamente que me palpopulpo. ¿Entendieron, chavales? Se ladean y se espantan. Por amor de Dios, digo, ¿queréis que os lo repita? Preguntóme un niñito: ¿qué son los aforismos? Pequeñas frases de seda. Mi criado se llama Bautista, ¿tiene algo que ver con batista? Batista creo que es lo que empuñan con tesón los directores de orquesta. Es un tejido. Un lienzo que no me parecía tan basto: que lo asociaba con algo de cuya índole noble. En cuanto tengáis una historia desviarla. Los caminos secundarios son los mejores. Perder la pista. Estimulad la pérdida de hábito y escindid en vos cuantos reinados atesoréis. Comprended que ya tendréis ocasión de subir al cielo. ¿Qué os van a preguntar entonces si la memoria ya no cuenta, si el pensamiento que os queda es la obscenidad de vuestro último estertor y la polla tiesa? Pensad en esto ahora que tenéis tiempo. El tiempo lo es todo. ¿Pero es que no hay ninguna alumna entre nosotros? Las mujeres escriben diferentemente. No me lo creo. Efectivamente, porque entre todos echamos por tierra el biombo, y de él los añicos sirvieron para elucidar… la nueva empresa. He aquí cómo muchos libros empiezan: la dilucidación de los géneros.
𡺓𡺔𡺕𡺖𡺗𡺘𡺙𡺚𡺛𡺜𡺝𡺞𡺟𡺠𡺡𡺢𡺣𡺤𡺥𡺦𡺧𡺨𡺩𡺪𡺫𡺬𡺭𡻒𡻓𡻔𡻖𡻗𡻘𡻘𡻙𡻚𡻛𡻜𡻝
jueves, 5 de agosto de 2010
Nucleones de lógica ramplona
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