Evidentemente, sí, hablar, hablar de través o directamente. Para imponer el sentido hay que hablar de través. ¿A quién hablo directamente… aquí, en este momento, ahora? Digo pero no digo: yo no lo digo. Entiendo que no quieras pero… Hablemos así a nuestros hijos cuando se enfrenten a problemas: metafóricamente hablando: el vástago aducirá tras sufrir las consecuencias del peligro que comprendió perfectamente la metáfora.
Pero los papás, cosa segura, buscarán al mejor técnico de la metáfora para implantarlo en el corazón del joven.
Los hay rápidos y los hay lentos. Los que traducen, los que babean boquiabiertos.
Mi silencio será auténtico, duradero… a ver quién puede más…
Presuntamente nadie entiende mi novela ‘el niño es una monada'… (quienes lo hayan leído, claro) Pero ¿y ese ejercicio constante y sabio de hablar de través cuando se rechaza de plano la idiosincrasia del directo?
¿Y la vergüenza que hemos de sufrir los directos para dejarnos derrotar y plantearnos la vida como mero traspié (o puntapié); y un oscilando de través, torcido?
Los que hablan agazapados en su institución no saben de lenguajes directos: ¡y hablan así como si lo supieran! ¡Y cuando los hijos tienen sed, asfixiados por el calor de esos rayos ridículos, los presuntos directos, los que creen que están en directo para todas las televisiones del mundo, les plantean un millón de metáforas, de lenguaje indirecto y vergonzoso, antes de llevarlos a las fuentes más próximas!
¡Cómo es de repugnante!
¡Cómo es de rayos X y directo esta repugnancia sin límites!
Millones de hijos no taparán esta cloaca, esta inmundicia día tras día acumulada y ¡difundida!
𡺓𡺔𡺕𡺖𡺗𡺘𡺙𡺚𡺛𡺜𡺝𡺞𡺟𡺠𡺡𡺢𡺣𡺤𡺥𡺦𡺧𡺨𡺩𡺪𡺫𡺬𡺭𡻒𡻓𡻔𡻖𡻗𡻘𡻘𡻙𡻚𡻛𡻜𡻝
sábado, 9 de octubre de 2010
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